Proyecto Marte 6: Berger T. Jules

8 años antes de que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

Los humanos nunca habían tenido ninguna razón para llevarse bien hasta la puesta en marcha del Proyecto Marte. Colonizar el antiguo planeta rojo ha sido lo único que ha exigido la coordinación de toda la especie, y no la competición, la lucha de poder, la guerra territorial, la desconfianza… Como 478º Coordinador General del Proyecto Marte, es mi deber proteger el legado de aquellos que me precedieron en el cargo y la misión sobre la que se fundó, hace ya cerca de siete milenios, la Unión Terrestre.

Parece una eternidad lejana el origen del Proyecto para alguien que vive, a lo sumo, un par de siglos. Los inicios de la Unión Terrestre se pierden tras la Era Oscura y es difícil de explicar hoy. La Tierra era otra, no sólo en su aspecto geológico, sino que los humanos éramos seres individuales, sin ningún aspecto de la consciencia compartida. Vivíamos en comunidades que marcaban límites, fronteras las llamaban. Era lo que se llamaba países, que estaban enfrentados o aliados entre ellos. Parece ser que la colonización del espacio empezó con uno de estos conflictos entre grupos humanos. Se estableció una competición para ver quien salía antes fuera de la atmósfera. Y luego quien llegaba primero a la Luna. Después, obviamente, quien llegaba primero a Marte.

Salir al espacio o pisar la Luna era algo relativamente fácil comparado con llegar a Marte. Tengamos en cuenta que la evolución de la tecnología espacial aun estaba en sus inicios, los avances eran lentos. Así, la competición por Marte llegó a un nivel de locura colectiva muy importante. No sólo fue mandar tripulaciones humanas, sino intentar terraformar el planeta. Existen documentos que demuestran que muchos de estos países llegaron a la quiebra económica por este motivo. Se habla incluso de un colapso global del sistema.

Puede que lo más coherente hubiese sido abandonar el proyecto. Pero colonizar Marte se había convertido en algo consustancial a la humanidad. Era algo que debía hacerse, un deber. Pero con una humanidad hecha añicos, estallaron los conflictos a gran escala, se habla de la pérdida de un 15% de la población en guerras, conflictos, hambrunas y enfermedades. Algo que la humanidad sólo volvería a sufrir con el Gran Debacle.

Cuesta saber si realmente fue causa o consecuencia, o las dos cosas, pero la humanidad se alió poniendo la mirada en Marte. El planeta rojo sería el objetivo de la humanidad y todos trabajarían para ello. Se formó la Unión Terrestre y se nombró al Primer Coordinador General del Proyecto Marte. Del que me enorgullezco en suceder. Juré trabajar para que la Humanidad viviera en esplendor, con la mirada puesta en Marte. Y juré que dejaría la vida en ello, si era necesario.

La 474º Coordinadora, Elviria DowT, recibió el primer informe que indicaba que la terraformación de Marte estaba completada. Los datos indicaban un 99,9% de compleción del proyecto. Sólo quedaban zonas no habitables en los polos, además de los océanos. Pero ambos aspectos no eran problemáticos, estaban contemplados en los planes de desarrollo futuro. Desde hacía varios siglos, los Coordinadores Generales estábamos pausando el proceso, al menos eso es lo que comunicábamos a la población.

Había sido una decisión de los Coordinadores 431 y 432, justo en el momento de hacer el traspaso de mandato. Fue una medida difícil, pero en la que hemos creído todos los Coordinadores posteriores… hasta hoy. Tras el Gran Debacle, la idea de completar la terraformación de Marte fue la inspiración para la humanidad para salir del pozo en el que se había metido durante milenios. Los hombres volvimos a repetir los errores del pasado, pero la idea de trabajar para un Marte apto para la vida nos volvió a unir. El reto era ya una religión, una creencia compartida por todos. Y de allí renacimos.

Justo cuando se hizo el traspaso del 431º al 432º Gran Coordinador, el gran marcador llegó al 90%. Y se plantearon la pregunta clave: ¿Podrá la humanidad sobrevivir a la terraformación de Marte una vez completada? Su respuesta, la de DowT, la mía, fue que no. Cuando Marte esté terraformado, nuestra sociedad dejará de tener sentido.

Como Coordinadores tenemos la facultad de organizar todo lo que tenga que ver con Marte. Es algo que el gobierno ha respetado siempre. Así que reestructuramos todo el Proyecto para intentar alargar el proceso.

La primera decisión fue frenar el marcador, aunque Marte avanzase a un ritmo rápido, la gente no podía saberlo. Así ganaríamos algunas décadas, algún siglo con suerte. Nadie, a parte del Gran Coordinador, dispone de datos completos sobre ninguna materia referente a Marte. Así, podemos manipular los datos que se publican y ofrecer un marcador menor. Vamos aumentándolo a un ritmo que no resulte sospechoso.

La 435ª Gran Coordinadora, Martina Gryce, puso en práctica la Norma que lleva su nombre. Nos hacía falta algo que ralentizara realmente el proyecto. Sabíamos que era muy complicado, ya que Marte estaba terraformándose casi sólo. En ese punto, la tecnología que se estaba desarrollando estaba favoreciendo la aceleración del proceso. Así que teníamos dos opciones, o poner la Ciencia en contra del proyecto o eliminarla lo más posible de Marte.

Podíamos provocar alguna catástrofe en Marte que nos hiciera dar pasos atrás en el marcador, pero los accidentes deberían ser muchos para que el freno fuera importante, y eso llamaría demasiado la atención. Así que se convirtió ese inconveniente como una oportunidad para eliminar la tecnología de Marte. Se indujo un error en los bioimplantes médicos que puso a toda la colonia marciana enferma de gripe durante varias semanas. Se argumentó que esos accidentes eran difíciles de atajar a tanta distancia de la Tierra, más si la ventana no estaba abierta. No nos podíamos arriesgar que otro accidente matara a toda la población, o que se produjera una contaminación masiva del planeta. Con mucho dolor, se decidió que Marte debería desarrollarse sin tecnología avanzada. Sólo podría haber el instrumental imprescindible para asegurar las mediciones y la supervivencia cómoda de la colonia, sin nada superfluo.

Aunque no se quiera asumir, con todo esto hemos regalado a la humanidad dos siglos extra de prosperidad.

Cuando vimos claro que, por mucho que la quisiéramos frenar, la terraformación de Marte se completaría más pronto que tarde, diseñamos un nuevo gran proyecto. Algo que nos tendría entretenidos varios milenios más, puede que fuera el salto definitivo de la humanidad, su perfecta prosperidad.

Cuando arrancó el Proyecto Marte, cuando aún ni tenía este nombre, a la humanidad aún le daba miedo el espacio. Su tecnología, comparada con la nuestra, sería como lanzar una piedra con la mano y pretender que llegara a la Luna. Marte nos ha vuelto miopes, no sabemos mirar más allá. No somos conscientes que estamos mucho más preparados para el siguiente gran reto de lo que lo estuvieron nuestros antepasados cuando lanzaron la primera sonda al planeta rojo.

Supimos alentar esta simple idea en la Universidad de Miskatonic: la humanidad necesita un nuevo reto para sobrevivir una vez Marte esté terraformado. Pocos años después empezó a tramarse la solución, una idea que se extendía entre profesores y alumnos, pero que nadie decía en alto. La humanidad puede y debe colonizar el espacio. No pueden existir fronteras para las capacidades de los hombres.

La Universidad está lista, en poco tiempo estallarán y harán partícipes al gobierno de sus planes. Y espero que todo el planeta acierte a seguirlos. El próximo paso está en Júpiter, en su luna Europa. Ciertamente está muy alejada del Sol y eso afecta su habitabilidad. Pero está cubierto de hielo y crear vida allí debería sernos fácil. Una vida distinta, será un planeta frío, pero nos abrigaremos.

Le cuento todo esto, no porque sea mi deber transmitir a mi sucesor todo lo concerniente al Proyecto Marte, que también es así. Soy perfectamente consciente que cometí un gran error al no prever que alguien podría estar recopilando información sobre Marte y llegaría a la conclusión, acertada, de que yo estaba engañando a la humanidad. Asumo las consecuencias. Y sé que su tarea es llevar el marcador público al 99,9% y empezar la explotación de Marte.

El gobierno me ha condenado a muerte, por gran traición. Lo asumo. Cuando tomé el cargo, juré morir por él si era necesario, y así ha sido. No he sido el primero. Damos nuestra vida sabiendo que nadie nos alabará por ello. Al contrario, yo soy odiado por todo hombre y mujer que vive en este planeta. Y la historia me recordará como traidor. Pero mis antecesores, usted y yo sabemos que no lo he sido.

Puede que ahora no me crea, lo entiendo. Pero piense en ello, sólo le pido eso. Cuando mañana le implanten los transmisores de control que le corresponden como Gran Coordinador podrá acceder a los diarios de todos nuestros antecesores. No me crea a mí, confíe en ellos. Y no lo comparta con nadie, sólo con su sucesor. Ahora es su responsabilidad, como nuevo Gran Coordinador de Proyecto Marte garantizar la supervivencia de la humanidad en la Tierra.

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