Cuentos crecientes: Feroz 3/3

El primer cerdito corrió y corrió y llegó a la casa de su hermano. El primer y el segundo cerdito corrieron y corrieron y llegaron  a la casa de su hermano. El lobo, obviamente, tenía graves problemas de movilidad, sino podría alcanzar a un cerdo corriendo.

Tenía en su panza las piedras que la vieja cabra le había metido, tras haber ayudado a escapar a sus cabritillas que él, el lobo, tan a gusto se había zampado. Y aún le dolía la otra herida de su barriga, cuando lo rajaron para liberar a la abuela y la niña de la caperuza roja.

Y mientras el lobo se lamentaba por no poder llevarse a la boca ningún animal sin acabar vapuleado, oyó a un pastor llamado Pedro engañando a sus conciudadanos ante un inexistente atacante de su rebaño. Esa vez, pensó, masticaría bien las ovejas antes de engullirlas.

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