Proyecto Marte 11: Leebie Dors

89 años después que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

Serpientes. Son especialmente peligrosas. Es algo que nos podríamos haber ahorrado al terraformar Marte. Entiendo la necesidad de crear un ecosistema global completo para que el equilibrio trófico del planeta sea sostenible a lo largo del tiempo, independientemente de la presencia humana. De hecho, en los dos ciclos que Marte ha estado despoblado, la vida ha seguido desarrollándose sin problemas. Pero las serpientes… las podrían haber substituido por algún otro tipo de bicho, o aplicarles alguna modificación genética para que no se acercaran a los humanos. Sigo sin entender su función. Y que los bioimplantes no puedan sintetizar un contraveneno… no veo que sea tan complicado.

Aunque bueno, eso ya poco importa, en pocas semanas volvemos a la Tierra. Bral y Orya no acaban de entender lo que significa, creen que marchamos de vacaciones. No entienden que nunca más podremos volver a Marte. Bueno, puede que ellos durante un ciclo. La Ley de los Dos Ciclos no puede saltársela ni el Coordinador Delegado del Proyecto Marte, ni su esposa, ni sus dos hijos. Me preocupa la adaptación de los niños cuando regresemos. En esto no pensaron cuando formularon la Ley.

Echaré en falta nuestra villa en las afueras de Avalon, la tranquilidad eterna de este planeta. No entiendo la fama de fiero que tiene Marte en la Tierra. Imagino que es algo de mito, fomentado por la Guerra de la Comunidad, y por la meteorología que tenemos, llueve intensamente y los vientos son huracanados a menudo, pero estamos adaptados a ello.

Leo ha accedido a que, una vez en la Tierra, podamos buscarnos una nueva residencia similar a esta. Esperemos que el Gobierno le de algún cargo relajado en la Tierra. Pienso que ya ha aportado suficiente a la humanidad, siendo 14 años Subdelegado y otros tantos, Delegado en Marte.

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“Los que vienen por los que van”, otro de los preceptos básicos de la Ley de los Dos Ciclos. La población en Marte se mantiene estable alrededor de los 125.000 humanos, que varía según los nacimientos y defunciones.

La población viene definida por la capacidad de la flota terrestre de trasladar, en cada  ventana, media población de vuelta a la Tierra y reemplazarla por otra cantidad igual de humanos. Así, la mitad de la población residente en Marte es experimentada y puede formar al siguiente reemplazo. Mientras la ventana está abierta, el trajín es constante. Fiestas y dolor por los que se van. Fiestas y alegría por los que llegan. Cambios de residencias, cambios de ocupaciones.

Hoy ha llegado la nueva Subdelegada, es soltera. Opina que la residencia es muy grande para una persona que viva sola. “Tienes 28 años para llenar la casa de niños”, le he respondido con una sonrisa. Parece maja, aunque me duele dejar mi hogar. Las residencias gemelas que ocupan el Delegado y el SubDelegado se terminaron de construir el segundo año de nuestra llegada. Mientras, vivíamos en la capital, dentro de las instalaciones administrativas de Avalon.

Mañana partimos y aun tengo tanto por hacer. No podemos llevarnos demasiado equipaje y me duele tener que escoger los pocos recuerdos de casi treinta años que podré conservar. Intento dejar gran parte del equipaje para los niños, ellos deben llevar consigo toda su vida.

Orya no deja de llorar. Lleva así dos semanas, cuando en la escuela empezaron a despedirse los compañeros que volvían a la Tierra, para siempre. Se negó a plantar su árbol del memorial. No quiere que un árbol “recuerde para siempre que una vez, una niña llamada Orya Dors vivió en Marte”.

Había olvidado el olor de la Tierra, y su gravedad. Es cierto que cada planeta huele distinto, aunque no sabría describirlo. Lo noté a mi llegada a Marte, y aquí lo vuelvo a sentir. Me siento pesada. Aunque tengamos la ayuda de los bioimplantes, volver a la gravedad terrícola, el doble de la marciana, es muy cansado. Me acostumbré rápido a la agilidad cuando llegamos a Marte, espero poder volver a acostumbrarme a esto. Los chicos lo llevan muy mal. Los primeros días les costó respirar. Espero que se adapten.

A Leo lo estoy viendo muy poco. Se pasa el día en las instalaciones de la Coordinación General del Proyecto Marte. Dice que es fundamental aportar todo su conocimiento al desarrollo del programa, cuando haya acabado, pedirá el traslado a una zona más meridional, para que podamos tener nuestra villa tropical, como en Marte. No me lo creo.

Yo cumplo mi misión de retornada, visito escuelas para contar mi experiencia marciana. Les enseño mis holofotos, relato mis recuerdos y les inculco la importancia del Proyecto, la suerte que tuve de poder ir y que, si se esfuerzan, ellos podrán ser residentes de Marte por Dos Ciclos. Otra obligación de la Ley, reforzar el vínculo entre marcianos y terrícolas.

No me siento marciana, los marcianos son mis niños, que nacieron allí. Y es mi pequeña la que no se despegó de la ventana de la nave hasta que Marte dejó de ser visible en la lejanía. Yo no pude sentirme del planeta sabiendo que tendría que volver un día. Y me siento culpable por no haber transmitido, desde pequeño, a mis chicos que un día deberían irse, que Marte sería solo una etapa de nuestra vida.

Los auténticos marcianos desaparecieron en la Guerra de la Comunidad. Me apena pensar que nadie sobrevivió. En la Tierra viven algunos de sus descendientes, que marcharon casualmente del planeta antes del conflicto, pero toda esa herencia perdida, todo ese conocimiento derrochado. En nuestro recuerdo los honoramos.

Sé que es un honor, ser la esposa del nuevo Gran Coordinador del Proyecto Marte. Pero no es lo que esperaba. No sé porqué Leo aceptó. Bueno, sí que lo sé. Le gusta el poder, le gusta hablar del tu a tu ante el Gobierno, no ser una pequeña pieza más de él. Dice que nuestra posición asegurará un futuro mejor a los niños. Una excusa para que me calle.

Los niños han ganado fuerza física, especialmente Bral. Está dejando de ser mi niño y es ya un joven terrícola. Es listo y ha sabido usar su origen marciano para crear interés y misterio a su alrededor, todas las chicas quieren de novio a un marciano. Orya sigue encerrada en sí misma, añorando a Marte. No come casi, los bioimplantes nos alertan cada día de su débil estado físico.

Yo debo atender a mis responsabilidades de cónyuge. Dryalson, esposo de la anterior Coordinadora General, es una estupenda ayuda. El Coordinador General es la persona con más poder en el Universo conocido, durante muchas generaciones los coordinadores engañaron incluso al Gobierno para desarrollar a su gusto la terraformación. Pero el Coordinador es alguien ocupado, con ejército de burócratas que lo protege. En cambio, su cónyuge es alguien más accesible, alguien a quien poder influenciar para que interceda ante el Coordinador.

Aplico su norma de asistir solo a una de cada cuatro actos a los que me inviten, elegidos estrictamente al azar, por muy poco que me plazcan, o por mucho que me entristezca no asistir a otros. Nadie debe conocer mis gustos reales, ni mis debilidades, que nadie sepa como adularme. Así nadie podrá manipularme.

Le pregunté a Dryalson si él había influenciado a su esposa cuando ocupaba el cargo, por algún interés personal. Pienso en Orya, sigue sin adaptarse, y su salud empeora día a día. Tenemos que forzar su alimentación. Pero es algo que los bioimplantes no saben curar. No la anima pensar que podrá volver a vivir allí durante un ciclo. Busco un agujero en la Ley de los Dos Ciclos para que Orya pueda volver a Marte y vivir allí para siempre. Pero eso Dryalson no lo sabe.

“Fue algo que ocurrió mucho antes de que mi esposa fuese Coordinadora, éramos jóvenes, demasiado, los dos acabábamos de conseguir una plaza de profesores en Miskatonic. La universidad estaba siendo reconstruida tras los atentados de la Comunidad. Había mucho trabajo, recuperar todo lo perdido y volver a poner la Ciencia al desarrollo de la humanidad, en la Tierra y en Marte.

El Gobierno acababa de concluir la comisión que analizó lo ocurrido en Marte y la Tierra. Se identificó a la Comunidad como los causantes de la Guerra, pero declaraba culpable a toda la humanidad, terrícola o marciana, por lo ocurrido. Creamos un odio entre los dos mundos que casi nos destruye a todos… bueno, me pierdo… El gobierno puso en marcha una comisión de expertos que debía poner las bases de una nueva colonización que evitara que volviera a ocurrir algo parecido. Vamos, la comisión que propuso la Ley de los Dos Ciclos. Y mi esposa fue elegida como miembro de la comisión.

Esto que te contaré que quede entre nosotros. Se estableció que la población marciana debía rotar con la terrestre, no podían volver a crearse dos mundos. La comisión propuso que los colonos accedieran al planeta con contratos con una duración finita de entre uno y tres ciclos. Pero establecían que, en algunos casos, se pudiera permitir a la población permanente, para cargos concretos.

Se pensó, también, en los niños nacidos en Marte. Se consideraba que era poco ético hacerlos culpables de una guerra de sus antepasados. Si ellos eran nacidos en Marte deberían tener permiso de vivir allí toda su vida. Eso sí, se les obligaría a vivir uno o dos ciclos en la Tierra, para evitar que se crearan dos sociedades. Esos humanos nacidos en Marte serian excelentes embajadores de la vida en Marte, algo que podría crear vínculos fuertes entre ambos mundos.

Pero tuve miedo. Sabía que mi esposa deseaba ir a Marte, había estudiado toda su vida para poder ir allí, con el deseo de quedarse. Yo la quería, la quiero, pero a mi Marte me ha asqueado siempre. No me interesa nada. Y no me quería resignar a renunciar a ella o a vivir en Marte toda mi vida. Así que introduje en su mente la idea que permitir estancias de una vida entera en Marte implicaría, a lo largo de las generaciones, volver a crear un mundo de marcianos frente a otro de colonos. Le hice creer que se volverían a reproducir las condiciones para una Guerra. La convencí a ella y a toda la comisión. Pensé que dos ciclos en Marte los podría llegar a aguantar.

Por suerte, mi esposa ganó pronto posiciones en la Miskatonic y luego en la Coordinación General, y nunca fuimos a Marte.”

Todo mi afecto por Dryalson se convirtió en odio. La inapetencia caprichosa de ese hombre por Marte condenó a mi hija. Po su culpa, ella no podía volver a Marte. Y como Orya, descubrí a muchos otros niños nacidos en Marte que no se adaptaron nunca a la Tierra. Era algo que no se dejaba a conocer, el Gobierno no lo permitía, la Ley de los Dos Ciclos estaba por encima. El bien común estaba por encima.

Intenté convencer a Leo para que me ayudara. Debíamos enviar de vuelta a Marte a Orya con cualquier excusa y, una vez allí, darle las herramientas para que se pudiera quedar. Si era necesario, la desconectaríamos del Globo y de los bioimplantes. Era posible, durante siglos los marcianos vivieron así. Leo no me quería escuchar, se escudaba en su cargo, en la Ley, en su responsabilidad, en la nuestra.

Pero mi hija, cada día más débil, cada día más lejana. Su mente había escapado, vivía en Marte, me decía. Se fue mientras me contaba como recorría las grandes avenidas de Avalon, como corría y saltaba cuando llegaban las grandes rachas de viento, volando unos segundos. “Mira mamá, estoy volando…” Saltó, y se fue.

Dryalson ha venido a visitarme. Las últimas palabras de Orya se repiten en mi mente. No fui capaz de salvar la vida a mi niña. Necesitaba escapar, y sigo recluida en una residencia apartada, cerca de la zona tropical africana, sin mucha gente.

He accedido a ver a Dryalson. Con Leo pactamos no contar la causa de la muerte a nadie, no era óptimo que la hija del Coordinador General muriese por añorar Marte. Él tenía sus razones, yo las mías. Sólo le pedí que dejara que me aislara un tiempo.

 

Dryalson llega cargado de cotilleos de la ciudad, se queja de los problemas que está teniendo con sus receptores. Debe ser cosa que estamos muy apartados y que el Nodo más cercano debe estar lejos y algo averiado.

No le cuento que el Nodo está en mi propia casa y que he provocado que se filtrara agua en su interior, estropeándolo, antes de su llegada. Tardaran unas horas en darse cuenta del fallo de cobertura y de mandar a alguien a repararlo. Mientras, la serpiente que casualmente se ha metido dentro de la cama de Dryalson lo habrá mordido accidentalmente y sus implantes no habrán podido comunicarse con el centro médico.

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