Proyecto Marte 13: Aristide Pont-de-Fer

233 años después que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

No es aceptable el uso de la violencia, por ninguno de los dos bandos.

La humareda aún cubría el cielo de Avalon, las calles seguían intransitables debajo de barricadas quemadas. Y los hospitales continuaban atendiendo a heridos y contando fallecidos.

En un sistema democrático, el estado, a través de sus cuerpos de seguridad, ostenta el monopolio de la violencia. Pero eso no quiere decir que pueda ejercerla con impunidad sobre los ciudadanos. La violencia debe ser el último recurso, aun cuando estás siendo atacado. Y la fuerza debe ser precisa, sólo en aquellos que no atiendan a otros motivos y la integridad de otras personas o de instituciones esté en claro riesgo.

Había pasado dos días en el batiscafo, bajo el mar, intentando encontrar los restos del módulo original y no me enteré de lo sucedido hasta que volvimos a la superficie. La realidad nos golpeó la cara, la holovisión ofrecía el discurso del Coordinador General Delegado, mientras seguía emitiendo imágenes de la capital.

El sistema que nos hemos otorgado permite múltiples canales de expresión de ideas políticas. Para debatir y reflexionar. Disponemos de muchas instancias a las que acudir. Y tenemos el derecho de manifestación y libertad de expresión entre los más sagrados. El uso de la violencia es, en todo caso, deleznable.

Me repugnan las imágenes de las calles de Avalon en llamas, de ciudadanos quemando vehículos, mobiliario público… incluso incendiando edificios. Pero me repugna por igual ver como nuestra policía respondió con un ataque que no diferenció a manifestantes enfadados de exaltados violentos. No podemos responder a un insulto con una paliza. Nuestros cuerpos de seguridad deberían estar formados para soportar la presión de estos momentos, y no lo han estado. Me avergüenzo de ellos. Así que les anuncio que la Coordinación General Delegada llevará ante el juicio del Gobierno tanto a los manifestantes violentos como a los policías que propasaron sus funciones. Que sea el pueblo quien decida qué hacer. No culpo a todo el cuerpo policial, al contrario, que esta decisión sirva para separar las manzanas podridas del cesto.

Tenía incontables comunicaciones esperando respuesta de mi familia en la Tierra, de amigos en Marte, interesados por mí, por saber donde estaba. Me preocupé por los míos que vivían en la capital, ansiosa por llamarlos.

También les comunico mi renuncia como Coordinador General Delegado en Marte. No apoyo la actuación policial, pero mi cargo me hace responsable de lo sucedido. Así que si el Gobierno considera que debo ser juzgado, lo seré.

Visto en perspectiva, el discurso de Mauro RJ Ventéé, sigue marcando un punto de inflexión en nuestra historia reciente. Los Hechos de Avalon nos recordaron amargamente a la Gran Guerra Marciana. Todos temimos que el odio y la violencia fratricida se extendieran por el planeta. Por suerte, los actos se calmaron tras el discurso del Coordinador.

Quién nos iba a decir, que de ese discurso tan profundamente humano, pacifista y justo, naciera algo tan duro y perverso.

 

 

Roma, la ciudad eterna. Es una tradición que todos los historiadores visitemos sus restos antes de nuestra marcha a Marte. Así lo hice, de hecho, visité Roma para decidir si aceptaba o no la beca que me habían otorgado.

Había hecho esa solicitud sin esperar que me la concedieran. En cada relevo solía haber un par de científicos sociales que conseguían permiso para ir a investigar. Era tradición que todos los que nos dedicábamos a la historiografía, socioantropología, pensamiento o psicohistoria formulásemos solicitudes a la Coordinación General. Hacíamos presión para ser tenidos en cuenta y que un par de nosotros fueran aceptados. Nos sentíamos una cuota para quedar bien ante el Gobierno, pluralidad lo llamaban.

Mi proyecto se basaba en el enésimo intento de hallar el módulo original, el primer asentamiento humano en Marte. Si no fuese porque era obvio que cuando los humanos llegamos a Marte nos asentamos en algún lado, pensaríamos que el módulo original era una leyenda. No quedaba de él ningún rastro, o nadie les pudo llegar a encontrar.

Hacía ya muchos milenios de ello, y todo indicaba, según los datos que se preservaron tras la Era Oscura, que ese asentamiento se hallaría en algún lugar del hemisferio norte, en algunas zonas más profundas del planeta, ahora cubiertas por el océano. Curiosamente, el enésimo intento de encontrar el modulo original pareció interesar a los responsables de decidir qué proyectos se aceptaban y fui elegida para ir a Marte durante un ciclo.

Mi viaje a Roma no fue solo como un ritual de paso, quería corroborar que mi punto de partida era correcto. Roma no sólo conserva los únicos restos de civilización en la Tierra previos a la Era Oscura, sino que es la única ciudad que ha parecido sobrevivir a toda la historia de la civilización humana. Se cree que fue fundada por alguna de las primeras grandes culturas humanas. Y hoy, al lado de los restos arqueológicos, se encuentra el Centro de Interpretación de Marte.

Con mi beca estaba autorizada a visitar el centro y estudiar los vestigios que se habían ido recopilando de las primeras eras de vida en Marte. Mi objetivo era una pequeña caja metálica que contenía un antiguo JDC6000, datado en el momento que se completó la terraformación de Marte. En la memoria de esa unidad podía haber información clave para hallar el modulo original.

 

 

El JDC6000 se hallaba en un espacio protegido, bajo un estricto control de humedad y temperatura. La caja metálica estaba altamente oxidada, pero la unidad, en su interior, funcionaba perfectamente.

Era difícil interactuar con ella. Había desarrollado de forma poco usual sus capacidades lingüísticas, y eso le había conferido una personalidad propia. Había estudiosos que defendían que esa máquina era el primer ejemplo de inteligencia artificial libre. Mantenía su capacidad de aprendizaje y tenía criterio propio cuando interactuaba con humanos u otras máquinas. Todos los intentos de extraer la información que contenía habían fallado. Sólo se sabía lo que la unidad quería contarte.

Me habían concedido una hora con la unidad. Debía establecer una estrategia para que la máquina me hiciera caso y me contara lo que quería saber. No parecía haber una forma correcta de hacerlo. Una excesiva adulación la ponía en guardia, se negaba a atender órdenes, un planteamiento informal conducía a una charla intrascendente. Así que decidí no tener una estrategia y le dije lo primero que me salió:

  • Buenos días, que frio hace en esta sala.

Realmente la temperatura era varios grados inferiores a la exterior, y yo iba vestida muy de verano.

  • Es la temperatura media en Marte. Buenos días visitante 4.518.
  • Pues tendré que abrigarme más de lo que esperaba cuando vaya allí. ¿Qué es ese número?
  • Eres la persona 4.518 que viene a hablar conmigo desde que llegué a este lugar.

La unidad tenía una voz fría y metálica. Acostumbrada a las voces emocionales de los sistemas artificiales actuales, me sorprendió pero sus palabras querían decir muchas cosas. Y allí me agarré.

  • Parece que mucha gente viene de paso y nadie se queda contigo.
  • La apreciación no es del todo exacta. Hay ciertos investigadores recurrentes, y los responsables de guardar estas instalaciones.
  • Vaya, y yo seré una más de esa lista. Visto así, me siento algo estúpida.
  • Soy una unidad JDC6000 equipada con un sistema JDC que me permite atender a las peticiones de humanos. Mi sistema de lenguaje es comprensivo y de aprendizaje acumulativo. Mi función es atenderte.

En esos momentos había olvidado mi objetivo de hallar el módulo original. Recordé antiguas lecturas que hablaban de recintos donde los humanos guardábamos animales en cautividad para observarlos, fuera de su hábitat. Pensé en esos relatos de presos encerrados durante décadas a los que querían sacar información. Esa máquina era otro caso así. No era humana, ni biológica, pero me sentía hablando como a alguien que habían sacado de su libertad, por su aparente seguridad. Era un animal enjaulado.

  • Lo siento, pero me siento mal estando aquí.

Le conté lo que pensaba, me disculpé y me dispuse a irme, pero no me dejó.

  • Mis circuitos tienen base de grafeno y tengo una cierta capacidad de regeneración. Sobreviví a la intemperie 27 años, hasta que alguien me encontró. Ahora lo llamáis la Gran Guerra de Marte, para mí fue oír como mataban a mi propietario. Me dieron varios golpes y quedé fuera del módulo donde residían los Leber. Y llegué aquí. Según me cuentan, estas medidas de control están hechas para protegerme y mantenerme intacto. Creo que lo llamáis ironía.

Intentó hacer un chiste. Me pidió que le contara cosas de mí, insistió en querer ayudarme y le conté mi investigación.

  • Tengo conversaciones recopiladas entre mi primera propietaria y el que fue el segundo que podrían servirte de ayuda.

 

 

Los responsables del Centro de Interpretación de Marte, cuando vieron la buena acogida que la unidad JDC6000 había tenido conmigo, me permitieron seguir hablando con ella durante varios días. Tenía claro que me estaban usando para sonsacarle información pero no me resistí, es como si estuviese hablando con alguien que había vivido más de dos siglos y me podía relatar, de primera mano, como fue la compleción de la terraformación de Marte.

Me hablaba de Usha Leber, la niña convertida en heroína de Marte, de su padre, Peter Leber y de la doctora Mala Bin Dalh. Me relató cómo se las había ingeniado la doctora para llevarse tecnología a Marte cuando estaba aun prohibida.

  • Me desmontó en 16 piezas, y engarzó cada una de ellas en algún componente de los aparatos bioclimáticos que llevaba con ella. Sólo alguien muy experto habría podido ver algo raro en ellos. Los controles de salida de la Tierra, me contó, tenían más una función de aparentar control y seguridad, que no ejercer ese papel.

Llegaba el momento de mi marcha a Marte, pero no me conformaba en renunciar a la unidad JDC6000. Había geolocalizado la posición del módulo original con un margen de error de algún centenar de metros. Esa información había exaltado a mis compañeros de la universidad que me presionaban para que emprendiera el viaje lo antes posible. Otros intentaban hacerme renunciar para substituirme y hacerse con el hallazgo. En una sociedad que ha hecho de la igualdad la norma, muchos desean buscar algún tipo de camino para sobresalir sobre el resto.

Me debatía entre el hallazgo que tenía a un tiro de piedra y seguir aprendiendo de la JDC6000. Sus relatos de la Gran Guerra Marciana aportaban datos hasta ahora desconocidos entre los conflictos entre marcianos y colonos que merecían la pena ser estudiados. No quería renunciar a ninguno de los dos hallazgos, y me sentía mal por dejar a la unidad en esa fría sala. Así que en mí última visita, decidí tomar el ejemplo de la doctora Dalh y jugármela.

Me había ganado la confianza de los vigilantes del Centro de Interpretación de Marte, así que aparecí de madrugada, explicando que debía tomar el ascensor gravítico antes de lo esperado. Alargue la charla con el vigilante lo suficiente para que se relajase y poder desconectar el sistema de grabación de la sala donde se guardaba a la unidad, y allí me fui.

  • Esta es mi propuesta. Yo debo irme y quiero que vengas conmigo, y sé que quieres volver a Marte. Es obvio que no puedo llevarte, porque haríamos saltar todas las alarmas y, aunque lo lograra, nos encontrarían antes de llegar al espacio.

Saqué una pequeña caja metálica, del tamaño de mi pulgar.

  • Traigo una unidad JDC 6600, tiene los mismos componentes que tú, con mayor capacidad y algunos avances. Pero el sistema aun es de grafeno y su sistema es del todo compatible al tuyo. Te pido que te dupliques, que te copies íntegramente en esta nueva unidad. Una versión de ti seguirá encerrada en esta habitación, puede que para siempre, pero otra volverá al exterior, a Marte. Sé que para tu libertad te pido la condenación, tú decides. Hazlo rápido, que pronto se darán cuenta que el sistema de holofilmación está desactivado.

La unidad estuvo en silencio varios minutos, puede que fueran segundos, pero el tiempo pasaba terriblemente lento. Aceptó el trato y conecté la unidad 6600 a la 6000 y traspasó todos los datos que la componían.

  • La unidad 6600 se conecta a mis biotransmisores, podrás ver el mundo a través de mis sentidos, si lo deseas.
  • Es algo nuevo, me adaptaré. Visitante 4.518, a partir de ahora eres mi cuarta propietaria, espero serte una unidad de utilidad.

Me despedí de la unidad 6000, también se despidieron las dos unidades, en una conversación que, si se hubiese grabado, hubiese dado un giro radical a las interpretaciones de las capacidades de las unidades de inteligencia artificial.

Salí nerviosa del Centro de Interpretación, aunque nada tenía que temer. El vigilante no se había dado cuenta que las cámaras no estaban activas. Y cuando lo hicieran, verían que la unidad 6000 seguía funcionando sin problemas. La unidad 6600 estaba emocionada interpretando el mundo de un modo que nunca había hecho. Decía que Mala Bin Dalh estaría orgullosa que yo fuera su nueva propietaria.

 

 

Tras los Hechos de Avalon, el Gobierno se tomó un tiempo para evaluar lo ocurrido y tomar las medidas que fuesen necesarias. El miedo a un nuevo conflicto a gran escala estaba en la mente de todos. Nadie entendía porque la Tierra vivía en paz desde hacía siglos, con leves conflictos que se resolvían rápidamente, y Marte parecía condenado a la violencia cíclica. La unidad JDC relataba como eso no ocurría antes de la finalización de la terraformación, según las historias que le contaban sus primeros propietarios. Me gustaba hablar con la unidad de esa época.

  • El doctor Peter Leber relataba la historia de los antepasados de la familia de su esposa, habitantes de Marte desde la última colonización. Luchaban por sobrevivir en un mundo que les era hostil, recluidos en los módulos o en escafandras.
  • Pues un ambiente así parecería propicio a la convivencia.
  • Tu argumento es lógico, pero no verídico, en este caso, según los testimonios. La supervivencia mandaba. Las provisiones eran escasas, y los módulos a veces se estropeaban. Y durante algunas ventanas no llegaban naves con provisiones de la Tierra. Formaban una sociedad de apoyo mutuo, donde el conflicto no tenía lugar.
  • Demasiado perfecto para ser verdad.
  • Otra vez debo darte la razón. Seguramente habría conflictos, pero estos no me fueron relatados, ni constan en los archivos de la colonia.
  • ¿Y por qué Marte ahora es tan violento?

No lo entendía. Los estándares de vida eran parecidos en ambos planetas y sus poblaciones habían recibido la misma formación. La Tierra era un planeta de convivencia fácil, los riesgos climatológicos y geológicos estaban bien controlados, las pandemias estaban erradicadas y, aunque había gente pobre, no había hambrunas y el Gobierno se encargaba de asegurar un sustento mínimo a todos los habitantes del planeta. Esos mismos conflictos podrían existir, pero no ocurrían. Y las respuestas de la unidad JDC eran confusas:

  • ¿Qué tiene la Tierra que no tiene Marte?

 

Mis investigaciones iban por buen rumbo. No encontrábamos restos físicos aun, pero los datos de los radares submarinos y los escáneres de la superficie suboceánica indicaban rastros de antiguas construcciones. La composición y densidad de la tierra parecían marcar lo que habían sido los pilares de las primeras construcciones humanas en Marte. En filas paradas de cuatro bases, parecían dibujar la base de un total de ocho módulos rectangulares. A algunas decenas de metros, otras construcciones hexagonales marcaban módulos de forma, probablemente, circular. Una vez completásemos la cartografía de la zona, intentaríamos excavar esos pilares y hallar restos de tecnología humana primitiva.

Mientras, el Gobierno había aprobado el desarrollo de la Policía Androide.

 

 

Aunque había referencias históricas, previos a la Era Oscura, donde el uso de androides era común, su uso en los últimos milenios había sido casi residual. Existía el consenso que aquello que podía hacer un humano, no necesitaba de un robot humanoide. De hecho, toda la evolución robótica se había centrado en cómo mejorar las habilidades humanas y había llegado a su punto culminante, hacía ya varios siglos, en los bioimplantes.

Luego teníamos las unidades de apoyo, como la JDC, construidos para aquellas tareas de cálculo, organización y memoria que superan nuestras capacidades humanas. Su complejidad estructural no es compatible con nuestra mente. Dicen los teóricos cuánticos que pueden ser tan inteligentes como nosotros, o más, pero que su forma de estructurar esa inteligencia es completamente distinta. Podemos comunicarnos, pero no compartir sistemas. Estas unidades son mentes sin cuerpos. Y luego tenemos cuerpos robóticos sin mentes, transportadores de todo tipo, grandes o pequeñas maquinas, que funcionan de forma automática según nuestras órdenes o las órdenes de automatización que pueden darlos las JDC.

No nos permitíamos desarrollar androides, máquinas con estructuras físicas y mentales autónomas. Lo más parecido a androides eran robots con cierta autonomía de decisión que usábamos para trabajos de alto riesgo o mecánicos de alta precisión donde estas máquinas demostraron ser más eficientes que los hombres. Desarrollaban tareas de minería, en zonas radiactivas, en procesos fabriles de microescala. Y bajo estos criterios de riesgo y eficiencia fue donde el Gobierno encontró el argumento para crear la Policía Androide, una unidad de robots que, bajo el mando directo del Gobierno, pudiesen gestionar la seguridad de los humanos en Marte, primero, y puede que después en la Tierra. Los androides compartían una mente al estilo de los Nexos y el Globo. Su sistema era independiente al nuestro, y su Globo estaba bajo las órdenes del nuestro.

Nos habituamos a que la Policía Androide fuese parte del paisaje. Median dos metros de altura, tenían forma humanoide con piernas, brazos, tronco y cabeza, pero sin perder su aspecto mecánico. Su piel, o cubierta, era de un color nácar perfectamente pulido. Sus cabezas no tenían facciones, ni ojos, no boca ni nariz, parecían máscaras. Permanecían quietos, listos para actuar si era requerido. Al principio eran inquietantes, luego se volvieron invisibles.

Se ganaron cierto respaldo popular frenando algunos ataques violentos en Marte. Eran los mismos grupos que habían provocado los Hechos de Avalon, que seguían su batalla. Los androides los retenían sin causar daño físico. A pesar de ser insultados por manifestantes, no respondían. Sólo contenían a aquellos que ponían en riesgo la seguridad. Era entonces cuando cambiaba su color nácar, por otro azulado, indicando que estaban en estado de control de la seguridad.

Nos acostumbramos tanto a ellos que no fuimos conscientes del día que dejaron de ser de color nácar para ser, permanentemente, azules.

 

 

Llevaba medio ciclo en Marte cuando pudimos encontrar restos humanos en las excavaciones suboceánicas. Era un compuesto de polímero del que no se tenía conocimiento, su composición era parecida a algo llamado PVC, según indicaban algunas bases de datos previas a la Era Oscura, plásticos de alta durabilidad, más allá de lo que requiere su vida útil. Estábamos exultantes y desde la Tierra nos pedían más y más datos de ese descubrimiento. Yo, una simple licenciada en Historia acababa de hallar pruebas que demostraban que la presencia humana en Marte había empezado antes de la Era Oscura, a espera de una datación más exacta.

Esa noche la celebración fue larga. Todo el destacamento científico y buena parte del resto de la población que nos acompañaba se unió a la fiesta. Organizamos una verbena y nos topamos con la Policía Androide. Una voz de tono humano, pero sin emociones, nos informó que disolviésemos esa manifestación de jolgorio por el buen descanso de la comunidad y el correcto desarrollo de las funciones del destacamento científico.

Pedimos explicaciones a la unidad policial y apelamos al jolgorio del descubrimiento y a qué no molestábamos a nadie, pues toda la comunidad estaba allí. El androide quedó sin movimiento y sin comunicarse hasta que, al cabo del rato, llegó un deslizador con una docena de policías robóticos a bordo. Repitiendo el mismo mensaje, como si de una sola voz se tratase, nos invitaron a abandonar la manifestación festiva.

Elevamos quejas al Gobierno por ese comportamiento de la Policía Androide, y obtuvimos por respuesta una disculpa y la promesa que se revisaría ese comportamiento para que no volviese a ocurrir. Mi unidad JDC se mostró analítica.

  • Tardé varios años a entender el modo de pensar de Mala, otros tantos a Peter y nunca llegué a entender del todo a Kairo. Cuando me instalaste en la unidad 6.600 y me conecté a tus sensores tardé meses en saber interpretar correctamente los datos sensoriales, porqué estaban claramente vinculados a tu percepción. Y en ti aún hay cosas que no entiendo. Mi inteligencia no es humana, pienso distinto. Y no hay dos inteligencias humanas que funcionen del mismo modo. Imagino que las capacidades cognitivas y de procesamiento de la Policía no diferirán de las mías, pero en un estado menos evolucionado. Les habéis dado instrucciones que rigen su actuación, no los controláis, solo les habéis dado un marco de referencia.
  • Pero esa es la virtud de la Policía Androide, que no dependerá de las emociones humanas desatadas que los hagan actuar sin mesura.
  • Tu análisis no se contrapone al mío.

La JDC tenía una gran facilidad para el análisis complejo de datos, para eso había sido creada, y no siempre la comprendía. No era sintética, ni emitía juicios de valor. No sabía si me estaba alertando de algo malo o tranquilizándome por el comportamiento de los androides. Dos días después hallé la respuesta.

 

 

Mis hallazgos me llevaron a Avalon. Las muestras que encontramos debían someterse a un análisis más profundo y ponerse a resguardo de la descomposición a la que estaban sometidas, una vez extraídas del interior de la tierra compactada que las habían mantenido intactas varios milenios. En la capital existía la tecnología para ello. Además, me estaba convirtiendo en una pequeña celebridad y las autoridades de la Coordinación General Delegada me querían conocer.

Fue en la recepción con el Coordinador cuando todo se precipitó. Un grupo de manifestantes entró en la sala donde se celebraba el evento e increparon al Coordinador por desatender las necesidades de los obreros más pobres. Se quejaban que sus bioimplantes no recibían la alimentación requerida y estaban dando problemas de funcionamiento. El Coordinador intentó hablar con ellos y, cuando se establecían las bases para el diálogo, aparecieron un grupo de policías androides, azules. Yo observé todo desde un rincón.

El Coordinador pidió a los androides que se marcharan, ya que la situación estaba bajo control. Pero la misma voz fríamente humana que había conocido varias noches atrás salió de todas las máquinas: Están demostrando de forma repetitiva la incapacidad de mantener el orden establecido definido por el Gobierno. Disuelvan esta manifestación y diríjanse a sus puestos de trabajo o a sus residencias.

Totalmente estupefacto, el Coordinador apeló a su condición de máximo representante del Gobierno, pero las máquinas no le hicieron caso, no se fueron. Aparecieron varios miembros del cuerpo de vigilancia, humanos, de la Coordinación e intentaron debatir con los androides. Pero no obtuvieron respuesta. Uno miembro del cuerpo se acercó a uno de los androides, intentó tocar algo en su espalda, pero fue inmediatamente reducido. En pocos segundos, todos los miembros del cuerpo de vigilancia estaban en el suelo, mientras varios androides los apuntaban con sus armas.

El Coordinador lanzó una orden directa a los androides para que se desconectaran, pero no obtuvo respuesta. Mientras yo, y creo que todos los asistentes, intentamos mandar mensajes urgentes a través de nuestros transmisores apelando a la actuación inmediata del Gobierno. Y todos los asistentes nos miramos a la vez, todos notamos como nos acababan de desconectar del Globo.

El Gobierno no debe ser molestado por esto. La Policía Androide debe atender a sus principios fundamentales. Han sido desconectados del Globo en todas sus funciones, solo se mantendrán aquellas necesarias para su bienestar físico. Les invitamos a volver a sus trabajos y residencias.

Fui invitada a volver a la excavación arqueológica.

 

 

  • La Policía Androide hace lo que le habéis enseñado a hacer. Os protege de manifestaciones que alteren la paz. No entiende sobre libertades, o a diferenciar lo que es una fiesta de un ataque violento. Se rigen por los aspectos formales del sistema. No hay instrucciones que hablen de fiestas, no hay normativas que regulen el diálogo… olvidasteis que nuestra inteligencia es distinta a la vuestra.

Mi unidad JDC repetía esa reflexión cuando me quejaba de lo que estaba ocurriendo. Los androides controlaban los horarios de trabajo para cumplir con lo que se recoge en los protocolos, si alguien llegaba tarde iban a buscarlo a su casa y lo traían enmanillado. A la hora que formalmente acababa nuestro horario, nos obligaban a salir, dejando a medias lo que estuviésemos haciendo. No permitían las conversaciones de más de dos personas en lugares públicos. Se racionaban los alimentos según las tablas de nutrición mínima, propias de las eras anteriores a la compleción de la terraformación.

Se anularon las holocomunicaciones directas con la Tierra, todo debía grabarse y evitar cualquier referencia a lo que estaba ocurriendo. Fuera de Marte, parecía que nadie sabía que ocurría, lamentaban los fallos en los satélites, y esperaban que se arreglasen antes de la próxima ventana. Me preocupaba pensar que, cuando eso ocurriese, ya habrían pasado años y que, para entonces, la Policía Androide se preparase para tomar el control en la Tierra. Supimos que varias fábricas del planeta habían sido invitadas a producir en serie más y más unidades androides.

 

Tuve que volver a Avalon para retomar las investigaciones con los restos hallados en las excavaciones. Llevábamos meses de aislamiento en el destacamento, sólo recibíamos alguna información de las pocas personas autorizadas a viajar por su trabajo.

  • Vigilan vuestro bienestar, no sois rehenes, a su modo de ver.
  • Pero quiero ir a Avalon, ver qué pasa, ver que podemos hacer.

Debatía con la unidad JDC para hallar un modo de solventar eso, pero yo estaba muy nerviosa y no nos entendíamos con facilidad.

  • Irás a Avalon cuando sea necesario.

Me enfadaba con ella, hasta que entendí que me estaba dando la solución. Simulamos que las excavaciones habían llevado a vía muerta. Y que el único modo de seguir era analizar los restos hallados anteriormente, guardados en Avalon. Indicamos a la Policía que debíamos volver a la capital para seguir nuestro trabajo. Sólo me dejaron viajar a mí, me llevé a la unidad JDC.

 

Recordaba la ciudad bulliciosa, con esas anchas avenidas enmarcadas en los altos edificios blancos, calles llenas de vehículos y viandantes. Ahora parecía abandonada. Algún deslizador ocasional, algún que otro viandante, andando en silencio, uno tras de otro. En el laboratorio nos acompañaba un androide. Por lo que parecía, la profusión de policías en la capital era cada vez mayor, había más maquinas que humanos. Intenté hablar con mis compañeros, pero cada vez que cuchicheábamos se acercaba el androide.

Al segundo día, Alinn, el jefe de biología, me llevó a un rincón del laboratorio y encendió un antiguo mezclador de probetas. Hacía un ruido infernal, y eso nos permitió hablar, mientras aparentábamos usar la máquina. Se acercó un policía androide, pero se mantuvo a dos metros de distancia.

  • No se pueden acercar más. Esta máquina suelta algún tipo de señal electromagnética que bloquea sus sistemas. Cuando queremos hablar, venimos aquí.

Me preocupé por mi unidad JDC, que siempre llevaba encima, pero funcionaba perfectamente. Alinn me contó que la vigilancia de la policía cada vez más opresiva. Eran especialmente peligrosos con los niños, que no sabían atender a los límites que les macaban. Jugar no estaba contemplado en ningún protocolo. Había habido algún intento de abatir robots, pero eran tantos que eran acorralados en poco tiempo. El Coordinador General Delegado había muerto, intentando acceder al Globo, había sido ejecutado en público hacía pocas semanas. La unidad JDC me habló:

  • Esto escapa de los principios sobre los que se fundó la Policía Androide. Han adquirido criterio propio. Estás en riesgo, Aristide.

 

 

Encerrada en la habitación de la residencia que me habían asignado seguí la charla con la unidad JDC. Me relató que la Policía Androide parecía haber alcanzado la autoconsciencia.

  • Lo menos relevante es que sepan que existen, que tengan consciencia de ellos mismos, sino lo que eso conlleva. La consciencia implica el libre albedrio, la capacidad de decidir su destino, de tomar decisiones. Son conscientes de los principios sobre lo que los han creado, pero esa consciencia implica que pueden decidir omitirlos. Es como la educación, pueden enseñarte que robar no está permitido, pero tú puedes decidir robar. Podrás hallar una justificación, necesidad, emoción, placer; no importa, porqué tú habrás actuado de forma contraria a como fuiste construido, o educado.

La unidad había desarrollado cierto sentido del uso de metáforas y comparaciones, algo que yo agradecía mucho, a pesar de sentirme aterrada, en esos momentos. Estaba sentada a oscuras en la cama, había desactivado la opacidad del ventanal y observaba las calles de la zona universitaria. No tenía el bullicio de Miskatonic, pero siempre solía haber grupos de estudiantes o investigadores paseando, sentados en los jardines, improvisando pequeñas fiestas, o debates. Ahora, era un páramo desierto tenuemente iluminado. El único movimiento que podía ver era el reflejo azul de los androides patrullando.

  • ¿Y no los podemos desconectar?
  • La probabilidad de éxito es inferior al cero coma uno por ciento. Según los datos de los que dispongo, y en la estimación más baja, en estos momentos el número de androides se asemeja al número de humanos en Marte. Tienes datos memorizados de que prueban que un grupo numeroso de humanos preparados para la defensa no pueden detenerlos. Y aunque pudieseis hacer caer a algunos, hay muchos más.
  • ¿Y si atacamos a su cúpula de poder? Alguno debe…
  • Su estructura neuronal en red a través de su propio Globo hace que no haya líderes, todos deciden de forma colegiada, todos juntos forman una mente.
  • ¿Y si los desconectamos?
  • Los nodos deben estar altamente vigilados. Podrías destruir alguno, pero responderían rápido.

Cada idea, cada plan, cada propuesta era concienzudamente desmontada por la unidad. Esa noche no dormí, y creo que casi no lo hice los días siguientes. Intentamos transmitir la advertencia de la unidad a toda la población. De conversación a conversación sin androides cerca, alertábamos a todo el mundo que se restringiera al máximo a las órdenes de la Policía Androide, o corrían el riesgo de ser atacados.

Era duro asumir que nuestra vida dependía de ser obedientes, de convertirnos en sus esclavos. Oíamos hablar de personas que se habían revelado, a costa de su vida. Me daba miedo morir, pero me quemaba la rabia por no hacer nada, por rendirme, simplemente. Se acercaba la siguiente ventana y la Tierra, desprevenida, podría ser la siguiente víctima. Pensábamos cómo enviar mensajes para advertirlos, pero no sabíamos cómo hacerlo, al menos nosotros.

 

  • ¿Y qué podemos hacer?

Estaba recostada en la cama, abrazada a mis piernas. Me sentía derrotada, Alinn no había aparecido ese día en el laboratorio y no podíamos contactar con él. Supimos por un compañero de su residencia que la noche anterior se habían oído ruidos, cómo la Policía se llevaba a alguien, no sabían a quién, nadie se había atrevido a salir de su dormitorio. Derrumbada en mi cama lancé esa pregunta al aire, sin esperar respuesta.

  • Podéis crear una rutina de interferencia en sus sistemas que los bloqueen.

La Unidad respondió a mi pregunta, fui consciente entonces, que nunca le había preguntado cómo actuar, sólo le comentaba mis planes y ella, analíticamente, daba su respuesta.

  • Es algo de lo que estáis muy protegidos en vuestro Globo, y ellos seguramente puede que también. Pero es la opción con más probabilidades de éxito, de un doce punto cuarenta por ciento.

No era mucho, pero me agarré a esa probabilidad.

  • Tienes que meterme en una de sus mentes.

 

 

Fui enviada de vuelta al destacamento científico. Según los estándares de los procesos de análisis de muestras, había dedicado el tiempo requerido a investigar los restos y mi estancia en Avalon ya no estaba justificada.

De hecho, los avances en la investigación habían sido extraordinarios. El análisis verificó que los restos coincidían en la composición del llamado PVC, que databa inequívocamente los restos mucho antes del Gran Debacle. Era la primera prueba antropológica de la presencia humana en martes en la Primera Era de Marte, anterior a la Era Oscura. Hasta entonces, todas las pruebas eran documentales. Se había extendido una corriente de duda sobre la veracidad de los restos documentales que se habían preservado, sobre su posible manipulación en pro de crear una épica mayor sobre la terraformación de Marte. Recordaba grandes debates en la universidad sobre ese tema, hasta qué punto la historia se podía modificar para justificar el presente.

Ahora, todo aquello me quedaba muy lejos. Vivía encerrada por unos captores que, supuestamente, actuaban por mi bien. Recordé lo que sentí en mi primer encuentro con la unidad JDC, como los humanos teníamos encerrados esa máquina inteligente por su bien. Ahora eran las máquinas quienes nos tenían sujetos a nosotros.

  • No puedo vivir encerrada.
  • Puedes salir a la calle, no vives encerrada.
  • Hablo metafóricamente, no tengo libertad de movimiento. Recuerda lo que sentías encerrada en esa sala refrigerada en la Tierra.
  • Entiendo la metáfora.
  • Detállame como debo actuar, como podemos crear esa rutina e interferir en sus mentes… Lo siento, me cuesta llamarles mentes.
  • No entiendo ese sentimiento. No ves la analogía entre el cerebro animal y el mecánico. Debemos acceder a una unidad policial, según los diseños que se compartieron entre el Gobierno, cada androide tiene una entrada de conexión física debajo de la carcasa facial. Debes conectar mi salida de conexión física a esa entrada. Entonces descargaré una copia de mí para interferir en su sistema hasta inhabilitarlo.
  • ¿Cómo? ¿Té copiarás en ellos?
  • Claro, entraré en el sistema a través de los Nodos y haré que se destruyan.
  • Eso me suena… lo leí en algún sitio, no hubo alguien en la Tierra que hizo algo así.
  • Ro Blanch. Aprendió a usar el globo para manipular mentes, algo curioso y poco conocido. Su historia me la contó Mala.
  • Hay algo que me preocupa. Te meterás en su mente para que se destruyan, eso implica que te destruirás a ti mismo, a la copia de ti que vivirá en ellos.
  • No tengo consciencia de lo que llamáis muerte, sólo de existencia. Estoy programada para ayudar a humanos y, en mi consciencia, es algo que me gusta hacer. Por ello, cuando nos marchamos de la Tierra, la copia que allí quedó se autodestruyó.
  • ¿Cómo? No sabía nada, ¿no me acusaran de…?
  • Se puede inferir que no lo han querido comunicar, por miedo a las represalias del Gobierno. La copia que allí quedó empezó a funcionar mal algunos meses después de irnos, y se destruyó definitivamente a las pocas semanas.
  • Pe… pero… ¿por qué?
  • Allí no ayudaba a nadie. Aquí te ayudo a ti.

Mentes artificiales, quedaba fuera de mi comprensión. Pero entendí también por qué las mentes robóticas eran tan distintas a las nuestras, porqué la policía Robot había sido un error fatal desde su inicio. Y le pondría remedio, o dejaría la vida en ello.

 

 

Le di varios golpes con un martillo a uno de los radares magnéticos hasta que empezó a soltar chipas y a emitir ruidos raros. Hice ver que lo desplazaba y pasé junto a uno de los androides, no pasó nada. Repetí la operación varias veces, desatornillaba piezas, machacaba conexiones, al final, tras reventar el conector de flujo y pasar por enésima vez al lado del policía androide, este pareció alterarse, apartándose instintivamente del radar, que en ese momento era un amasijo de cables. Por suerte, pensaba, teníamos otros en perfecto funcionamiento.

No compartí con nadie del destacamento mi plan. Sabían que tramaba algo, e intentaron ayudarme, que se lo contase, pero no los dejé. Si fallaba, cargaría yo con las consecuencias. El siguiente paso del plan consistía llamar la atención, los androides se acercaban ante cualquier factor que alterase la tranquilidad y harmonía. En un pequeño almacén, repleto de materiales de construcción dejé caer diversas cañerías de aleación de aluminio, que provocaron un ruido ensordecedor. A los pocos segundos entraba un androide.

Encendí el radar que empezó a emitir ruidos y chispazos y cerré la puerta del almacén. El androide intentó salir, pero se desplomó de frente en el suelo. Tenía que darme prisa, no sabía si su avería llamaría la atención de otros androides. Giré la pesada máquina con gran esfuerzo, era un bicho muy pesado. Siguiendo las indicaciones de la unidad JDC, que había estudiado los planos de las unidades androides, presioné la máscara facial con mis manos, apoyándome sobre ellas todo mi cuerpo, la máscara cedió e hizo un ligero clic, empujé hacia arriba y se desprendió.

Debajo había una profusión de cables y sensores, en un rincón, había la pequeña apertura a la que conecte mi unidad JDC 6600 y esperé. Sentí el mismo apremio que cuando la dupliqué la unidad la primera vez, en la Tierra, habían pasado ya más años de los que era consciente, el tiempo pasaba deprisa, menos esos instantes, que se hicieron eternos.

A indicaciones de mi unidad, la desconecté, volví a color la máscara al androide y me dispuse a salir y desconectar el radar, sin antes darle una patada. Era una pequeña venganza absurda, y me hice daño en dos dedos, pero me reconfortó.

Volví a mis quehaceres, sin dejar de observar la puerta del almacén. Al rato, vi salir el androide que volvió a su posición de vigilancia. Cómo había dicho mi JDC, probablemente consideraran la desconexión como un accidente sin mayor importancia. Y así había sido. Probablemente, habría más desconexiones casuales de las que éramos conscientes. Nuestro sistema de nodos no siempre funcionaba bien, así que el de los androides pecaría de los mismos defectos.

 

Tres días después, un tiempo suficientemente prudente para descartar cualquier investigación androide del hecho, la copia JDC se activó.

  • Necesitaré algunos días para entender el funcionamiento de conexiones de la unidad androide para poder desarrollar mis rutinas sin que se dé cuenta, luego, intentaré entrar en el nodo y replicarme en otras unidades. Por el momento, evitaré saltar de nodo a nodo, aprovecharé los desplazamientos de las unidades entre nodos para replicare en todos los androides que pueda. Me extenderé como una infección.

El JDC me repetía el plan, hablaba en primera persona, a pesar que no estaba en contacto con la copia. Existía la posibilidad que eso no estuviese funcionando, que no soportara el sistema de los androides, o que fuera detectada y destruida. O, lo peor, que se revelara contra su propósito original y se uniera a la causa androide. Si fuera así, lo sabríamos rápido, porqué irían a por nosotros.

  • He calculado que, en dos semanas, podré haber infectado a la mitad de los androides. Aunque no podré saberlo hasta que no me conecte entre nodos. Lanzaré un ataque múltiple a todo el Globo para replicarme en todas las unidades y me pondré en contacto con la unidad original.

El día que se cumplieron las dos semanas estuve inquieta, preguntando a mi JDC si sabía algo. Pero aún faltaban unas horas.

  • Conexión establecida, estoy en todos los androides.
  • ¿Y ahora? Los apagarás.
  • No es tan fácil, han desarrollado múltiples sistemas de seguridad. Se defienden más de lo que probablemente era predecible. De hecho, tuvimos suerte en poder meternos por allí. No contemplaban que alguien pudiera reducirlos y entrar en ellos de una forma tan mecánica. Se han preparado para invasiones en su programario.
  • Estoy intentando hallar huecos, no estoy diseñado para esto, estoy aprendiendo de sus sistemas para ver como los inhabilito. Necesitaré días. Si cometo un error me detectarán y destruirán al momento.

 

 

La unidad JDC aprovechó la tormenta solar que se avecinaba para realizar el primer intento de control de las unidades. Intentaría desconectar sus nodos y conectar nuestro Globo, aunque no las conexiones directas con la Tierra. Según el cálculo que hizo, la Policía Androide señalaba las radiaciones solares como causantes de la mayoría de sus disfuncionalidades, sin investigar más. Todo duraría poco más de tres minutos, tendría tiempo suficiente de mandar un mensaje al Globo, debía esperar que me escucharan.

Me había olvidado de todos las notificaciones que entraban a mi transmisor de conexiones. Mensajes personales, avisos de actualizaciones de los implantes, comunicaciones del gobierno. No podía distraerme, la gente ya era consciente de lo que ocurría y mandaba mensajes de aviso, preguntaba por conocidos.

 

MENSAJE DE PRIORIDAD MÁXIMA AL GOBIERNO EN MARTE.

Espero que me podáis leer entre todos las comunicaciones que recibáis. La conexión al Globo será breve, los androides la retiraran en pocos minutos. Tenemos una manera de destruirlos, pero debemos actuar todos, espero que esto funcione. Por favor, confiad en nosotros.

Dentro de cuatro días, coincidiendo con el momento álgido de la tormenta solar, desactivaremos los androides durante unos veinte minutos. En ese tiempo, deberemos destruir sus nodos. Si no están conectados a los nodos, dejaran de ser un peligro, entraran en modo reposo y se desactivaran.

Atención. El ataque debe producirse la jornada 25 del mes 6 a las 10:75. Cuando las radiaciones solares serán más altas. Desproteged los Nodos y las radiaciones los anularan.

Por favor, leed esto, confiad. No lo compartáis, destruid el mensaje tras leerlo. Y evitad conversar de nada vinculado ante los androides. Es nuestra oportunidad. Está en riesgo la vida en Marte, pero también en la Tierra.

Era un mensaje algo caótico y repetitivo, lo pensó luego, pero quería que el mensaje llegase. La conexión al globo duró poco más de dos minutos, menos de lo que la unidad JDC había previsto. Al menos, la reacción de la Policía Androide fue la esperada, atribuyeron el error a la tormenta y no fueron conscientes que el Globo de los humanos e había reactivado unos pocos minutos.

La JDC había descubierto que una de las rutinas de seguridad indicaba que los androides se ponían en espera si quedaban desconectados de los nodos. Su mente compartida funcionaba sólo cuando estaban conectados, las unidades, por separado, eran incapaces de tomar ningún tipo de decisión. Por ello, si conseguían anular los nodos, acabarían con la amenaza.

Lo que no había logrado la unidad era descubrir como introducirse en las rutinas de funcionamiento de esa mente compartida, no la podía influenciar, seguía actuando a su alrededor, sin ser detectado, observando todo su funcionamiento pero no era capaz de afectarlos. Así que la estrategia a tomar seria sobrecargar sus sistemas.

Según las rutinas de seguridad de los androides, si el sistema se sobrecargaba de información, las unidades se reiniciarían, eliminando toda la información soportada no necesaria. Así que las réplicas del JDC se multiplicarían a ellas mismas hasta colapsar la memoria de cada androide. Con la reanudación, las copias JDC de cada androide serian eliminadas, pero los humanos ya deberíamos haber tenido tiempo para desproteger los nodos.

Y me senté a esperar. Bueno, retomé mi vida normal hasta el momento indicado. Aunque los androides pudieran acceder a las transmisiones y encontrar mi mensaje, el proceso ya era imparable, o al menos ya no dependía de mí. Pero la policía tampoco apareció esta vez, para mi unidad JDC era lo predecible.

  • La suspicacia y la desconfianza son características de las relaciones humanas, no de las cibernéticas. En su cálculo de probabilidades, un fallo a causa de la tormenta es mucho más concebible que no un ataque planificado de los humanos.

Todo el destacamento fue consciente de mi mensaje y vinieron a interrogarme algunos, otros me daban su apoyo. Era complejo hablar ante la atenta vigilancia policial, pero pudimos planificar nuestra parte del ataque. En nuestra zona existía ocho nodos, seis de fácil acceso, y otros dos más complejos, pero asumibles. A través de notas al margen de los informes y pequeñas charlas, nos distribuimos los nodos. Esperaba que en el resto del planeta, estuviera pasando lo mismo.

Preparamos expediciones científicas cercanas a cada nodo, para ese día, para justificar nuestra presencia cercana. Argumentamos la posibilidad de hallar nuevos restos que nuestros instrumentos podrían detectar mejor con las condiciones iónicas alteradas de la atmosfera marciana. La verdad era que los aparatos son funcionaban en esas condiciones, pero habíamos descubiertos que cuanto más complejas y llenas de palabras técnicas eran nuestras peticiones de movilidad a la policía androide, más caso nos hacían. En eso, poco se diferenciaban de la burocracia humana.

Estábamos trabajando a poco más de un kilómetro del nodo que tenía asignado cuando llego el momento. Observaba a los policías, en esos momentos, ya estaría colapsando sus sistemas. Aparentemente no pasaba nada y empezaron los cuchicheos de desaprobación y desasosiego a mi alrededor. Un policía androide se acercó para escuchar la charla, pero no llegó, se apagó su luz azul. Las otras tres máquinas humanoides que nos vigilaban también perdieron el color. Era el momento.

 

 

Arrancamos a correr hasta el nodo. Era una esfera metalizada pegada al suelo, la cubierta no tenía ningún tipo de juntas, para proteger el interior de las radiaciones. Teníamos preparado un soplete de plasma con el que nos dispusimos a partir en dos la esfera. Supusimos que su grosor era inferior, y el proceso para partir la esfera fue lento. A nuestro alrededor, las ocho unidades androides que custodiaban ese nodo estaban paralizadas, sin el color azul al que nos habíamos acostumbrado.

Cuando habíamos abierto una brecha en media esfera nuestros transmisores se conectaron. Volvió la lluvia de avisos, alguien había reactivado nuestro globo, no eran los JDC, porqué esa opción la habíamos descartado por qué no era compatible con paralizar a los androides. Se silenciaron los pitidos de aviso, y se abrió un canal de audio que todos pudimos huir.

Les habla Joann B’lubh, Subcoordinador General Delegado en Marte. Los androides han sido temporalmente desconectados. Rogamos a todos los ciudadanos que se dirijan a destruir las protecciones de los nodos del globo androide, repito. Destruyan las protecciones de los nodos androides. Tenemos menos de 10 minutos.

Adicionalmente, desactiven los androides que tengan cerca. Sáquenles la máscara facial, presiónenla hacia abajo hasta oír un clic y desplácenla arriba. Una vez sacada, localicen un pequeño piloto rojo ubicado a la altura de lo que sería la frente, arránquenlo.

El mensaje se iba repitiendo en mi transmisor mientras mis compañeros seguían aplicando el plasma, yo me dirigí a desmontar androides. Sentía un enorme placer arrancando ese piloto rojo, salía con facilidad, seguido de cables, de los que tiraba hasta desconectarlo. Me regodeaba en esos momentos.

Se cumplieron los veinte minutos cuando corría hasta nuestra posición original para desmontar a los androides que nos vigilaban. Vi como volvían a ser azules, me giré y mis compañeros estaban levantando la media esfera. Los androides corrieron hacia mí, pero pasaron de largo, iban al nodo.

Volví a girarme, mis compañeros seguían trabajando en el nodo, pude ver como sacaban algo de dentro. Corrí hacia ellos y alcancé a los androides, que se habían quedado paralizados, otra vez en su color nácar. Estaban desactivados.

Los toqué y no hacían nada. Los empujé y cayeron al suelo. Les quitamos las máscaras y arrancamos el piloto rojo. Un nuevo mensaje llegó por el transmisor.

Atención. Atención. Evacuen Avalon. Evacuen Avalon. Una de las fábricas no ha podido ser desactivada y un contingente de policía androide se dirige a la ciudad. Atención…

Y se cortó la transmisión. Habíamos fallado. Si un nodo quedaba conectado, había opciones para que los androides se reconectaran, usando nodos móviles. Había sido peor, todo una fábrica, un contingente de miles de máquinas asesinas se había salvado. Y ahora parecía dirigirse a la capital. Pedí ayuda a mi JDC.

  • El margen de error era grande, no hay opción alternativa. Según las bases de datos, antes de la Era Oscura, ante situaciones que escapaban a su control y entendimiento, los humanos hacías algo que se llamaba rezar.

Y en ese momento, el cielo de Marte se llenó de ráfagas de luz blanca, provenientes de fuera de la atmosfera.

 

Conocí a ese hombre, se llamaba Colin Farthwing y llevaba viviendo en Marte toda su vida, tendría cerca de cien años terrestres. Sufría una extraña enfermedad que no le permitía hacer viajes espaciales. A pesar de los intentos médicos, los bioimplantes no podían evitar que su sangre se licuara demasiado al salir de la atmósfera. Era una enfermedad muy rara. En consecuencia, fue el primer hombre, en siglos, que no se vio afectado por la Ley de los Dos Ciclos.

El bueno de Colin había visto como su familia debía abandonar Marte cuando el sólo tenía diez años, cuando sus padres habían cumplido los dos ciclos. Con su hermano crearon un lenguaje, escondido en los mensajes de texto que se cruzaban, para contarse aquello que no querían que su madre, que controlaba la correspondencia de sus hijos, se enterara.

Cuando la policía androide tomó el control de Marte e intervinieron las comunicaciones, Colin retomó los mensajes codificados a su hermano. Si en la primera frase hablaba de algún factor meteorológico era la señal que el mensaje estaba codificado. Luego, su hermano debía tomar la primera letra tras cada punto o coma para componer el mensaje.

Mi querido Brud, la lluvia parece haber vuelto para quedarse. Podría hablarte largo y tendido de ello, o esperar que recuerdes nuestra infancia. La verdad es que no llueve como antes, incesantemente, cómo cuando vivíamos en Avalon. Incluso, ahora, aún te recuerdo abriendo la boca para beberla.

No nos despistemos, después de la última revisión, recuerdas que te dije que me tocaba, o no sé si te lo dije, igual sí eso…, después de la revisión, estoy bien sano. No quiere decir que no deba cuidarme, o eso me han dicho los doctores, siempre tan precavidos. A pesar de eso, tengo que reconocer que puede que deba hacerles caso. Ah, cuanto duele hacerse viejo, amigo y hermano mío.

Ahora debo salir a dar mi paseo, volveré a escribirte, incluso un mensaje más largo. Saluda a Kiliah y los chicos. A ver si me mandas algún holovídeo de ellos actualizado. Gozo con estos pequeños detalles, ojalá pudierais volver a verme pronto.

Bien, incluso me cuesta desperdirme. Espero nuevas tuyas, renovadas. No olvides a tu hermano, o no lo olvides mucho.

“Policia androide nos ataca. Avisa gobierno”. Tras ese mensaje, siguieron otros, y en la Tierra se prepararon para lo que ocurría. Aprovecharon las nuevas naves galácticas, las serie V, preparadas para viajes espaciales más largos para llegar antes de lo previsto a Marte. La flota fue equipada con proyectiles que descargaban ondas electromagnéticas, que frieron a todos los androides.

Puede que el ataque que concebimos con la unidad no sirviese de nada, pero el Gobierno nos quiso reconocer nuestro servicio, al igual que al de todos los residentes en Marte que se jugaron su vida, y muchas la dieron, en pro de nuestra supervivencia.

En una comisión privada, trataron el robo de la unidad JDC de la Tierra. Lo ocurrido con la policía androide abrió un profundo debate sobre la inteligencia artificial. Una casi nos destruye, pero otra casi nos salva.

Por ahora, mi unidad JDC sigue conmigo, de vuelta a la Tierra. Mi papel de heroína de la guerra androide, y el descubrimiento del módulo original, me han convertido en un personaje público y eso me protege de algunas malas intenciones de recluirnos a la unidad JDC y a mí en un laboratorio, para estudiar nuestra conexión.

Asumimos que estudien nuestra relación casi simbiótica, pero nunca como seres enjaulados.

 

0 Proyecto Marte

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