Proyecto Marte 14: Isaac Bundermans

377 años antes que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

¿Qué es el amor romántico? ¿Qué lo define? ¿Cuáles son los límites del amor? Los límites lícitos del amor. La doctora Brita Rivages sigue especialmente pesada con este tema en sus clases. Me ha quedad claro que el modelo de amor monógamo hombre-mujer ha sido un eje vertebrador de las sociedades humanas durante milenios. Cualquier otra forma era tabú, y perseguida. Amor entre dos personas del mismo sexo, amor de grupos de más de dos personas… limitaciones que las sociedades evolucionadas han sabido responder.

En nuestro modelo, el amor lícito es aquel que se establece entre dos o más seres con una capacidad de raciocinio similar que permite crear relaciones voluntarias y equitativas. Nuestros límites de lo que es lícito marcan una frontera con las relaciones entre adultos y niños, o personas con capacidades mentales reducidas. Y también entre personas y animales o personas e ingenios de inteligencia artificial.

Es de suponer que, no a mucho tardar, desarrollaremos una tecnología que equiparará la inteligencia artificial con la humana. En este punto, puede que, tampoco sean lícitas las relaciones humanos – máquinas, ya que estas serán de una inteligencia muy superior y, por consiguiente las relaciones no serían equitativas.

La doctora Rivages da por hecho un concepto del amor romántico vinculado a las relaciones afectivas “de pareja/s” y a las relaciones sexuales. Desarrolla tesis biológicas para defender esta equiparación. Creo que en este punto, en clase, nadie le ha llevado la contraria. Bueno, a la doctora nadie le lleva la contraria.

Así que si la doctora te propone participar en un grupo experimental, tú dices encantado que asistirás. Si pretendes desarrollar algún mínimo de carrera en el ámbito de las ciencias del hombre en Miskatonic, debes llevarte bien con la decana. Si aspiras a ser elegido para ir a Marte en alguna exploración científica, debes llevarte bien con la esposa de la Coordinadora General del Proyecto Marte. En ambos casos, Brita Rivages.

 

La criogenia o el paso a la vida eterna. Recuerdo los anuncios. Congela tu cuerpo, congela tus células, y vuelve a despertarlas cuando la ciencia del futuro pueda curar la enfermedad que ahora te está matando. Era el modelo de anuncio uno. El turista definitivo, el turista temporal, conoce como será nuestro mundo dentro de varios centenares de años, o incluso milenios. Era el segundo tipo de anuncio, para esos humanos que estaban cansados de todo, pero no decían que era un turismo de ida, no de vuelta. Y finalmente, desarrollando el concepto de turismo espacial, el que más éxito tuvo, cómo no, vinculado al Proyecto Marte.

La terraformación de Marte. Ese gran sueño de la humanidad, ese gran reto que nos da un motivo para luchar cada día. Pero es aun hoy, un sueño lejano. Con la criogenia, podrás ver, con tus propios ojos, Marte terraformado.

Congélate hoy, conoce Marte mañana.

CrioDreams te ofrece la opción de entrar en estasis criogénica hoy y ponerte en órbita alrededor de Marte. Cuando se haya completado la terraformación y las condiciones sean las óptimas, serás despertado y podrás ver Marte con tus propios ojos, olerlo, tocarlo.   

Fue tal el éxito de esa campaña que varios centenares de miles de personas pidieron la criogenia. La empresa no pudo asumir tantas solicitudes y, previendo revueltas, y el Gobierno Confederado tomó medidas. No se podía permitir tal cantidad ingente de personas congeladas dando vueltas en naves satélites alrededor de Marte. Era un proyecto inasumible para las generaciones futuras.

Esto ocurrió hace casi cincuenta años. Cuenta la doctora Rivages que se dice que en una órbita exterior de Marte se halla una de esas naves, repletas de humanos congelados, a la espera de despertar y abrir sus ojos a la terraformación completa. Eso, afirma, será un reto de las generaciones futuras. Ahora nosotros debemos encargarnos de recibir aquellos que se congelaron por razones médicas hace varias generaciones.

Yo seré el encargado de una niña llamada Amina Ref. Cuando tenía seis años, fue diagnosticada del síndrome del torrente, una enfermedad degenerativa del cerebro que algunos médicos asocian al efecto de las radiaciones espaciales en personas he han realizado largos trayectos espaciales. Amina fue concebida en la Estación Lunar y allí su madre pasó los primeros meses de embarazo. Cuando los efectos de la enfermedad empezaron a mostrarse, y si ningún tratamiento existente, sus padres optaron por criogenizarla. Hoy, los nanorobots pueden reforzar las sinapsis neuronales y evitar el deterioro provocado por el síndrome del torrente.

Amina fue congelada hace cerca de doscientos años y no se ha hallado ningún familiar cercano responsable. Es por ello que ha entrado en el programa de Actualización Temporal de la doctora Rivages. Y en el sorteo aleatorio se me ha asignado.

 

Según el protocolo, estoy con Amina cuando despierta. Lleva varias semanas fuera de la criogenia, pero se la ha mantenido en coma inducido hasta después de terminar el proceso de implante de los nanorobots. Tiene un aspecto peculiar, tumbada en la mesa de reanimación. Tiene la cara tatuada con pigmentos fluorescentes, a la moda de hace dos siglos, dibujándole cenefas florales en las mejillas y pajarillos en los párpados. En la cabeza, sobre su melena negra, el casco metalizado que controla el buen funcionamiento de los implantes.

Duerme plácidamente. Ahora es el momento crítico. Todas las pruebas han indicado que su cerebro funciona como es de esperar en una niña de seis años. Pero hasta que despierte, no podrán comprobarse los efectos de dos siglos de hielo y del síndrome. Me acompaña la doctora Rivages, como siempre, divagando en sus tesis.

El amor familiar es el más curioso. Sabías que los bebés suelen parecerse más a los padres al nacer. Eso es para que los machos de la especie no rechacen a la criatura y a su madre. Somos una especie cruel. Y creamos relaciones afectivas y construimos metaestructuras cognitivas a las que llamamos sociedad. La familia no es el único modo de organizarnos socialmente. Recuerda sino la Matriz de Llanos. Pero la familia es el modelo que se acaba imponiendo. Seremos humanos, racionales y con ínfulas de creernos superiores al resto de animales. Pero no, familia, comunidad, sociedad. No nos podemos deshacer de esto. Lo más curioso, es que estas relaciones afectivas son igualmente fuertes no sólo con los hijos biológicos, sino también los adoptivos.

Interpreto en sus palabras que esa niña a partir de ahora se convertirá en mi hija, o hermana pequeña… que no será sólo un pequeño experimento en el que participo de voluntario. Aunque bueno, la doctora ya ha dejado claro que intercederá por mi si nunca deseo enrolarme en alguna expedición a Marte.

Amina abre los ojos, son oscuros. Abre la boca, intenta buscar palabras. Tose. Parece no salirle el aire, a pesar que sus labios dibujan, sin la menor duda, dos sílabas: “ma” “mi”.

 

Le he contado a Amina un cuento. Le he dado la bienvenida al reino de los futuros felices, donde ha llegado tras un largo sueño. Le relato que ha viajado por el tiempo y el espacio a un nuevo lugar maravilloso, para que sea la princesa de las mayores aventuras. Me he presentado cómo Lord Isaac de Bundermans, su guía en ese nuevo mundo.

Según los datos entregados por la familia de Amina, la pequeña era muy proclive a relatos fantásticos, anteriores a la Era de Marte. Sus padres los usaban para entretenerla en las pesadas estancias en los centros médicos, donde trataban de mantener controlada el síndrome del torrente.

Una niña de seis años no puede entender la pérdida definitiva de unos padres que siempre estuvieron para satisfacer sus necesidades. La niña no sabe que fue criogenizada, no creo que sea capaz de entender ni lo que significa. Para ella, anoche se fue a dormir, y hoy se ha despertado. Amina no tiene ni idea que toda persona a quien conoció murió hace demasiado tiempo y hemos debido encontrar la mejor manera de contárselo y que lo pueda asumir.

El programa Pidlubna de recondicionamiento psiquiátrico, indicó dos posibles mecanismos para ayudar a Amina a entender su nueva situación. No entiendo de psiquiatría, pero la comunidad científica confía en el programa Pidlubna, que analiza los componentes químicos de la mente de la niña y los equilibra, a partir de un análisis complejo de su ADN. Por suerte, la interacción hombres máquinas no se ha desarrollado hasta el punto que sea directamente una reproducción holográfica del programa quien trate con la niña. Eso nos lo deja a nosotros, a los humanos, aunque no tengamos ni idea de psiquiatría, como yo.

El programa Pidlubna nos ofreció dos mecanismos con las mismas probabilidades de éxito. El primero, de transición pausada, indicaba que Amina debía evolucionar de su último entorno de confianza al nuevo mundo que la esperaba. Debíamos reproducir su dormitorio, a partir de holofotografías y recuerdos guardados por sus padres, y hacerla despertar allí, para luego, enfrentarla a la nueva realidad. El segundo mecanismo, basado en el mito de los reyes magos, indicaba sumergir a la niña en una fantasía, que reforzaría todo su entorno hasta que ella misma fuera capaz de asumir, encajar y entender la pérdida.

La doctora Rivages y yo optamos por la segunda opción, me sería más fácil crear una fantasía que transitara a la realidad que hacerle entender qué era la criogénesis y decirle que nunca  volvería a ver a sus padres y que yo pasaba a ser su tutor.

La reacción de la pequeña ha sido fabulosa, los pigmentos de sus tatuajes faciales han brillado mostrando multitud de colores. Mi pequeño piso en Miskatonic la ha fascinado. Mi anodina decoración ha sido, para ella, el descubrimiento de un nuevo universo, unos muebles rarísimos, unos edificios altísimos, vehículos rapidísimos. Me cuesta entenderla, no por la edad, sino porqué usa un lenguaje y unas expresiones bastante distintas. Habla la lengua de hace dos siglos.

Todo ha sido bonito hasta que, esta noche, justo cuando se ponía a dormir, me ha dicho que ha sido un viaje alucinante y que tenía muchas ganas de despertar mañana en su cama y contárselo a mamá.

 

Hace medio año que Amina despertó y los pigmentos fluorescentes de su cara no cobran ningún color bonito desde hace semanas, los pájaros de los párpados son oscuros y las cenefas grises. El programa Pidlubna describe el proceso de duelo de la pequeña como previsible. Ha roto el halo mágico y siente una falta prolongada y profunda de sus padres. En su mundo anterior, todo era permanente: su gente, sus juguetes…, y nada de eso está volviendo. Hemos intentado replicar sus juguetes, pero no los siente como propios.

Los peores momentos son las noches, en casa. Los días en Miskatonic siguen siendo de constante descubrimiento para Amina. Algo siempre le llama la atención y corre a observarlo, un vestido, un color de piel, la forma de un edificio, alguna nave sobrevolando la ciudad, imágenes de la terraformación de Marte, juegos en la escuela. Es en casa donde se vuelve más callada y taciturna.

Siguiendo los consejos del programa Pidlubna, y del comité de expertos que sigue nuestro caso, he ido contando a Amina lo que ocurrió. Le diagnosticaron una enfermedad que no podían curar, ella recuerda las largas estancias en el hospital y las pruebas médicas. Sus padres, para salvarla, la enviaron a un lugar especial, donde la preservaron hasta el día que la ciencia pudiera curarla. Hemos visitado juntos el centro de criogenización. Atiende a mis explicaciones, pero no sé si las entiende. Y dudo que mis palabras puedan calmarla.

Hace mella en mí. No sé porqué imaginé, inocentemente, que sería una aventura divertida. Una nueva forma de entender la antropología, tener referencias directas de nuestra sociedad de hace dos siglos. No le pregunto nada a Amina de su mundo, me duele hacerlo. Porqué cuando recuerda su pasado parece feliz, y la hace más triste volver a la realidad. La doctora Rivages se enfadó por no avanzar como esperaba en mis estudios etnográficos, pero ha dejado de hacerlo. Ha visto el dolor y la misma tristeza en Amina.

La esencia de la etnografía es que el investigador se introduzca en la cultura que desea estudiar, no sacar a alguien de esa cultura y analizarla en la nuestra. A veces olvidamos las lecciones básicas de la antropología.

 

Dicen los cirujanos que no le quedaran marcas cuando los nanorobots acaben con la reconstrucción facial, incluso recuperará la visión en el ojo derecho, el más afectado por los cortes. En casa seguirá la tarta de cumpleaños por el suelo, pensé estúpidamente que una pequeña fiesta la animaría. Cuando la he visto en el suelo del baño rodeada de sangre pensaba que estaba muerta.

Ha intentado arrancarse la piel de las mejillas y los párpados para eliminar los pigmentos fluorescentes de la piel. No ha asumido que sea algo que se marchará poco a poco hasta que cumpla los dieciséis. No existe tecnología médica para eliminarlos de forma segura. La moda de los pigmentos faciales de respuesta emocional fue una moda de su siglo, pero de desarrollo muy abrupto. Los pigmentos disponen de pequeños sensores que analizan los componentes bioquímicos del riego sanguíneo vinculados a las emociones. Estos toman un color u otro según el estado de ánimo.

El principal problema era que la pigmentación se integra de tal forma en el organismo que aunque te arranques la piel, los pigmentos reaparecen cuando esta se recupera. Es casi como si el pigmento formase parte del ADN. Tienen una permanencia de unos doce años. A Amina se los insertaron a los cuatro años, y aun le quedaban otros tres de sufrirlos.

Si a los pigmentos sumamos el casco metálico pegado a su cráneo que mantiene activos los nanorobots, Amina nunca podrá ser una chica como las demás. Se siente extraña en este mundo. Los adultos la observan, los niños se burlan de ella. Ha hecho algunos amigos, pero sigue sintiendo que esos pigmentos la señalan como la chica que fue criogenizada, la rara que vive dos siglos después. Viste como los demás, habla como ellos, tiene sus gustos, pero sigue siendo una extraña.

Amina ha llegado a superar la ausencia de sus padres, ha aprendido a agradecer a sus padres el esfuerzo por salvarle la vida, a pesar que ello implicara no verlos nunca más. Y creo que me quiere como a un padre. Pero en el fondo de su mirada perdida puedo ver un mundo que se perdió hace decenios.

Lo peor de este momento es que cuando Amina despierte, cuando se curen las cicatrices, volverán los pigmentos. Y yo no puedo hacer nada por ayudarla. Deberá aguantar así tres años más, hasta que dejen de emitir luz.

 

La doctora Rivages me ha anunciado que he sido seleccionado para la próxima fase de la colonización de Marte. La Coordinación General ha aprobado establecer una nueva colonia en la zona sur del planeta, y quiere que su composición no sean simplemente científicos vinculados a la terraformación. Yo cumplí mi parte con Amina, y ahora ella cumple la suya regalándome mi sueño marciano.

Lo peor es que había olvidado ese sueño, había olvidado porqué acepté acoger a Amina hace diez años. Y ahora no sé si quiero separarme de ella. Después del episodio de los cortes de piel, aprendimos a convivir con los pigmentos. Establecimos una especie de reloj marcha atrás, marcando la fecha de su decimosexto cumpleaños como final. Ambos sabíamos que los pigmentos no se apagarían de un día por otro, por ello, iniciamos una especie de juego, Amina se tomaría cada día una holofotografía de su cara. Cuando fallaban sus ánimos, íbamos repasando las fotografías, y observábamos como el pigmento se iba apagando.

Amina aprendió también a identificar qué estado emocional hacía que los pigmentos fueran más discretos. Cuando estaba plácidamente feliz, estos tomaban una pigmentación rosácea que pasaba bastante desapercibida.

Hoy he estado repasando esas holofotografías, observando el rostro de Amina, como ha pasado de niña a casi una mujer, la joven de dieciséis años que me convirtió en padre involuntario. Los pigmentos de la piel han casi desaparecido, sólo los aprecio cuando se ríe, y le da un brillo especial a su cara. El casco metálico dejó paso a una malla metálica pegada a su cuero cabelludo, disimulada por su larga melena, ahora larga azul y muy lisa; a la moda.

Tiene novio, un chico que no me cae especialmente bien, pero creo que no caí bien a los padres de ninguna de mis novias. Amina a menudo me pregunta por qué no tengo pareja estable, se siente algo culpable de haber absorbido mi vida. No es culpa de ella, nunca dediqué demasiado tiempo a mis relaciones. Puede que el amor romántico no esté hecho para mí, algo difícil de entender a los dieciséis años.

La doctora Rivages le suelta a menudo sus discursos teóricos sobre el amor, Amina, que la llama abuela sólo para ver su cara de horror, le rebate sus argumentos. Es divertido ver a la científica social de mayor prestigio del sistema solar discutiendo con una chiquilla. Este es mi raro concepto de familia, creo que no lo quiero romper, no iré a Marte. Creo.

 

El ascensor gravítico me aleja de la Tierra. Amina ha acudido a despedirme, aún creo intuirla a los pies del cable, despidiéndose con la mano. Aunque sé que sólo es una ilusión, estamos ya a varios kilómetros del suelo y las lágrimas hacen que todo sea borroso.

Estábamos hablando de sus estudios superiores, debatíamos sobre si era mejor afrontar estudios de nanotecnología o de piscohistoria. No entendía cómo podía tener esa duda, eran dos áreas completamente distintas, aunque ella defendía que en este mundo, desde el más pequeño aparejo tecnológico a las grandes tendencias sociales, todo seguía una misma pauta y orden que yo debería entender.

Le encanta chincharme, estaba hablando y se quedó en silencio. No era capaz de emitir ninguna palabra, simplemente sonreía. Rápidamente la llevé al hospital y el diagnóstico fue claro. Los nanorobots no estaban conteniendo la caída neuronal provocada por el síndrome del torrente. El tratamiento que la había permitido vivir los últimos doce años empezaba a fallar.

Aumentaron la intensidad y número de nanorobots, pero esto provocaba a Amina dolores de cabeza constantes. El diagnóstico fue duro y claro. La tecnología actual no permitía hacer nada más por Amina. Lo lamentaban, pero mi niña le quedaban pocas semanas de vida.

Yo no lo pude asumir, ella sí. Entendió lo que ocurría. Me decía que ya había vivido doce años más de los que debería, bueno, había vivido muchos siglos más de los que debería: Sé que la abuela te ha propuesto varias veces que marches a Marte en esta ventana. Me has regalado doce años de tu vida, y has sido un padre magnifico. Te pido que sigas con tu vida, por mí ya no podrás hacer nada más.

Me negué a ello, no quería abandonarla. Pero la presión de Amina y la doctora Rivages ha sido incansable. Mañana sale el último transbordador a Marte de esta ventana desde la base lunar. Y me han obligado a subir en él. En el fondo, tienen razón. El programa Pidlubna me ha diagnosticado y ha coincidido en el análisis que el alejamiento es la mejor opción. Me he negado a tomar ninguna medicación por ahora, quiero ser consciente de mi dolor, quiero despedirme de Amina.

 

El viaje es tedioso, lánguidamente aburrido, más para alguien que espera una noticia que no llega. He encontrado un rincón, en la zona de carga. Hace frio y es ruidoso, pero no quiero hablar con nadie, no quiero participar de las sesiones de condicionamiento a la vida en los módulos marcianos, no quiero oír hablar de radiaciones.

Espero la confirmación de la doctora Rivages que todo ha ido como se esperaba. El proceso era delicado. Debían sacar del cerebro de Amina los nanorobots y quitarle la malla que los controlaba, dejar esos elementos en su cerebro sería peligroso en la criogenización. Aunque la preservación de cuerpos en estado latente de congelación había sido definitivamente prohibida hacía ochenta años, un vacío legal permitía volver a llevar a Amina a ese estado.

He vivido dos mundos, gracias a esta rara enfermedad puede que sea la única persona que conozca a la humanidad durante varios siglos. Seré una viajera del tiempo. Lamento no poder volver atrás para decirte que estoy bien, decir a mis primeros padres que su elección fue la correcta. Papá, por suerte, de ti me puedo despedir. Gracias por todo, disfruta Marte. Espero que cuando despierte, no sé cuándo será, la historia hable de las aportaciones del doctor Isaac Bundermans a la terraformación de Marte.

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