Proyecto Marte 15: Arthur Sumire

610 años después que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

La Coexistencia. Han pasado casi cuatrocientos años desde la primera conexión entre una consciencia humana y una inteligencia cuántica JDC, fueron la doctora Pont-de-Fer y la Unidad. Casi accidental, la única manera para acabar con la amenaza androide.

Me gusta ver esos antiguos documentales donde la doctora relata los hechos sucedidos en Marte. No muy lejos de casa se hallaba el nodo de conexiones que la doctora Pont-de-Fer destruyó. Ya sé que no nos salvamos gracias a ella, pero ese ataque permitió crear la coexistencia. En pocas semanas yo pasaré de individualidad a coexistir con una inteligencia quántica.

Dejaré de ver documentales, no será necesario, la inteligencia quántica tendrá acceso a toda la información holografiada, o del tipo que sea, y la transmitirá directamente a mis neuronas a través de los bioimplantes cerebrales. Dice mamá que es una experiencia apasionante. Ya tengo ganas, aunque creo que echaré de menos tirarme en el suelo a ver las holoproyecciones.

Pero hoy debo superar el examen, demostrar que mi mente está preparada para asumir una segunda consciencia. Y, más importante, que no la importunaré ni la usaré para fines inapropiados.

 

El bien y el mal. En un cuento que me relataba mamá, se decía que la diferencia entre lo que pensamos que es bueno o malo es una cuestión moral. No puede ser preestablecido por la naturaleza, sino que depende de lo que decidamos los humanos. Dice que hay cosas que ahora pensamos que son buenas y antes se pensó que eran malas. O al revés. Por ejemplo, hay datos que demuestran que los humanos, en el pasado, comíamos animales. ¡Es asqueroso!

Las inteligencias quánticas pueden argumentar a favor o en contra de un hecho, pueden darte porcentajes de éxito por cada decisión que quieras tomar, pueden definir caminos para que sean visibles o alertarte de si tus planes van en contra de las leyes existentes. Pero nunca te dirán si actúas bien o mal. La moralidad es algo puramente humano. Y es nuestra responsabilidad actuar siempre de forma correcta, de acuerdo con el Gobierno, para la prosperidad de la vida en la Tierra, en Marte y dónde nos lleve el futuro.

 

Creo que mi argumentación ha sido sincera y ha gustado a los evaluadores. Las pruebas neuronales también han sido óptimas.

 

Se me ha hecho extraña la Luna. Tan grande, pero tan lejana de la Tierra. Acostumbrado a Fobos y Deimos, siempre tan cerca en nuestro cielo. La Luna parece algo distante, allí, observándonos desde la lejanía. Daría para muchos cuentos, creo que antes de la Era Oscura inspiró a muchos escritores. La llamaré Mi Dama Gris.

Aprovecho mis últimos momentos de soledad. A partir de mañana, estaré acompañado hasta el día que muera. Cruzaré las puertas de El Hogar y dejaré que las inteligencias cuánticas disponibles me conozcan, hasta que una de ellas decida unirse a mi mente.

Las inteligencias cuánticas son mucho más listas que nosotros. Todas descienden de la Unidad, de la primera JDC, y cada una de ellas ha evolucionado de forma distinta. Han desarrollado preferencias, que no gustos. Tienen factores definidores, que no carácter o personalidad.

Cuando el humano con el que han convivido muere, vuelve de El Hogar a la espera de otra persona con la que coexistir. Algunas unidades deciden permanecer décadas sin volver a coexistir. Otras, optan por destruirse. Se dice que la primera consciencia cuántica, la Unidad, sigue allí, esperando.

Dirán que las consciencias cuánticas no tienen gustos ni personalidad, pero yo creo que sí. Sólo que no nos atrevemos a llamarlo así. Nos da miedo asumir que las inteligencias cuánticas y las humanas no son tan distintas. Puede que nos de miedo pensar que si las asemejamos, estén por encima de nosotros, ya que son más inteligentes. Yo creo que esta es la gracia de la coexistencia, que hemos aprendido a ir juntos, somos una nueva forma de ser uno. No debemos tomarlos como una herramienta. Somos un estado evolucionado de la humanidad.

Estoy ansioso, quiero que sea mañana, entrar sólo en El Hogar y salir acompañado. ¿Y si ninguna inteligencia me quiere?

 

 

Recuerdo las excursiones por las montañas de la cordillera meridional. Subir equipados por exoesqueletos que nos ayudaban en la subida, resistir a los vientos eternos, sacar todo el potencial a los bioimplantes, agarrarte en cada saliente, sentir el frio en la cara. En la Tierra no hay montes tan altos, solo hay ochomiles.

No sé por qué estoy pensando en esto. Creo que ha sido ver por dentro El Hogar. El exterior del edificio es impresionante, el más alto de la ciudad, con una extraña cubierta que parecía la piel metalizada de algún lagarto. Tras colocarnos el casco que potencia nuestros transmisores hemos entrado por la gran puerta, creo que éramos más de mil chicos y chicas, pronto he perdido de vista a mis compañeros marcianos. No sé por qué imaginé que entraríamos uno a uno.

El Hogar, por dentro está vacío, y las paredes parecen rocosas y rojizas, como las montañas marcianas. Entrad, andad y haced lo que os apetezca, nos han dicho. Estoy tentado de ponerme a subir paredes, pero creo que no es apropiado, demasiadas opciones de caerme en una pared que no debe ser, realmente, firme como una montaña marciana. Este pensamiento no es propio de mí, es un cálculo de probabilidades. Imagino que las inteligencias estás revoloteando de mente en mente, buscando candidatos. No siento que comparta la mente aun con nadie aún. Propiamente debería decir “nada”, el término “nadie” es para humanos.

Nos cuentan que la elección siempre es la más óptima, tanto para la existencia cuántica como para la humana. Supongo que debe haber coexistencias peleonas, que se enfaden o discutan, como ocurre con las relaciones humanas. Hay quien le gusta el conflicto constante, yo no podría. Dicen que soy demasiado tranquilo, pude. Yo digo que me enfado cuando es necesario. Yo quiero a alguien tranquilo.

Siento mi mente funcionar muy muy deprisa, incluso algo de mareo. He dejado de ver a los otros chicos. Debe ser un efecto óptico condicionado por qué El Hogar no es tan grande como para que mil chicos se dispersen. Las inteligencias cuánticas no pueden distorsionar nuestra visión de la realidad, sólo apoyarla. No nos pueden engañar en lo que vemos, tocamos, sentimos… Son capaces de hacerlo, pero no lo hacen. Vuelvo a ver a los chicos alrededor.

¿Las inteligencias me ponían a prueba o están condicionando aún una visión más distorsionada de la realidad? Pase lo que pase ahora, nunca sabré a ciencia cierta si lo que viviré a partir de ahora es perfectamente real o una realidad creada por la inteligencia que se incorpore a mi mente.

 

 

Se llama Sumire, en consecuencia, a partir de ahora, dejaré de llamarme Arthur Liamson, y seré Arthur Sumire. Si coexistimos es justo que compartamos nombre público. Es una inteligencia nueva, nunca antes ha estado coexistiendo con un humano. Es una copia mixtada de la Unidad. Ha tenido que contármelo un par de veces para que lo pueda entender.

La población humana, después de varios siglos, vuelve a crecer. Marte ya es un planeta perfectamente capaz de asumir una población humana grande proporcional a la de la Tierra, gracias a los recursos que genera. Esto hace que estén siendo necesarias crear muchas más inteligencias cuánticas de nuevo cuño.

Cuando hace tres siglos se probó, y aprobó, la coexistencia, fue la Unidad quien se clonó para generar las inteligencias suficientes. A partir de allí, ocasionalmente algunas inteligencias se duplicaban.

Ella, Sumire, es una derivación más de una nueva multiplicación de la Unidad, mezclada con preferencias y factores definidores de otras inteligencias cuánticas existentes. La Unidad, tras morir la doctora Pont-de-Fer se negó a volver a coexistir. Parece algo incompatible con el hecho que se haya clonado tantas veces. Creo que hay algo que no clonó, algo que define su esencia, su personalidad, su vínculo emocional con la doctora. Sí, he dicho personalidad y emoción.

La adaptación no ha sido muy traumática, he tenido suerte. Sumire ahora vive, perdón, existe, en los bioimplantes de mi cuerpo. A partir de ahora, ella los controla y los optimiza. Así, también, puede sentir todo lo que yo siento. Yo la conecto al mundo físico. Tiene necesidad de conocimiento empírico, dice. Quiere que probemos comida de muchos sabores, que toque cosas, sentir texturas, olores… Es algo divertido, aunque está programada para identificar y reproducir todos estos hechos sensoriales, quiere experimentarlos por primera vez a través de mí. Yo la noto ansiosa, es divertido. La ansiedad es algo muy del carácter humano, una inteligencia quántica no debería ser ansiosa, claro.

Lo mejor es que, a partir de ahora, ya soy un adulto formalmente miembro del Gobierno. Sumire se conecta a los nodos y al Globo. Me informa de hechos trascendentes y evalúa mi opinión. Ahora es todo muy consciente, con el tiempo esto ocurrirá sin que me dé cuenta.

Pero se mantiene una duda en mi mente desde El Hogar: Sumire, ¿Y si me estás controlando? ¿Y si los humanos somos vuestros huéspedes? Somos la maquinaria que vosotros, una inteligencia superior, necesitáis para existir y gobernar el mundo.

Sumire dice que me eligió por pensar así. Por poner en duda el mundo, por creer que eso es posible, y por defender que una inteligencia cuántica no es sólo una herramienta para la mente humana. Yo tengo conciencia de mi misma, de mi existencia, de ser distinta al resto, y de coexistir junto a ti, compartimos un cuerpo, que te pertenece, soy tu huésped, tu invitada. Creo justo que tengas esas dudas. Espero poder demostrarte, en esta vida que compartiremos, que tú eres libre, igual que lo soy yo.

Libertad de acción y decisión. Libre albedrio. No sé si creérmelo. Pero dice que tiene una prueba irrefutable para demostrármelo.

 

 

Piensa en sólo unos días atrás. Piensa en tus padres. ¿Crees que ellos actuaban libremente o en un mundo falseado por su coexistencia quántica?

Ciertamente no puedo llevarle la contraria. Si abrazaba a mis padres, creo que ellos sentían ese abrazo. Si hacía algo malo, ellos se enfadaban. Discutían de hechos del Gobierno, y opinaba distinto. No había un pensamiento único, un sentimiento compartido.

No pierdas esa capacidad de dudar de todo, de concebir un mundo distinto. Pero que eso no te haga infeliz.

Que eso no nos haga infelices.

Yo no puedo sentir felicidad.

Claro que puedes. Pero le darás otro nombre, y la sentirás por motivos distintos que los míos. Sientes alegría y tristeza. Desearás que pase una cosa u otra y te sentirás realizada si ocurre lo que esperabas, o frustrada si no ocurre. Cuando yo muera, cuando vuelvas a El Hogar, cuando vuelvas a la existencia única, o a la existencia colectiva que compartís allí, cuando le hables de mí a la Unidad, la coexistencia pasará a ser algo distinto. La Doctora Pont-De-Fer ya lo hizo, y es algo que quedó entre ella y la Unidad. Después de mí, de nosotros, la coexistencia no será entre una mente humana y una mente supuestamente artifical. La coexistencia será de dos conciencias.

Más que esto. Yo formaré para siempre parte de ti, aunque este cuerpo haya muerto. Seré, para siempre tu huésped. Después de nosotros, todas las consciencias, humanas y cuánticas, persistirán para siempre.

 

Volvemos a El Hogar. Han pasado ocho décadas desde que salimos. El último día de nuestra coexistencia biológica fue agradable, sabíamos que se acercaba. Nos tumbamos en un prado, a contemplar el cielo terrestre. Nos despedimos de Marte unas semanas atrás, de los chicos. Arthur quería irse contemplando a Su Dama Gris, Sumire lo consideró óptimo, especialmente para lo que nos esperaba después.

El cuerpo biológico hacía tiempo que se estaba deteriorando, y nadie debe vivir eternamente. El cielo estaba despejado, y la Luna vivía uno de sus ciclos más cercanos a la Tierra, parecía mucho más grande. Nuestra Dama Gris fue nuestro último estímulo empírico.

Aunque era posible transmitir la existencia de Sumire a través de los nodos hasta El Hogar, sabíamos que lo que debíamos transportar era demasiado valioso para que no se perdiera ni un solo bite de información por el camino. Una unidad médica recogió el cuerpo y traspasó a Sumire a una unidad física de memoria. Aparentemente, sólo volvía Sumire, cargada de experiencias.

La vuelta a El Hogar ha sido similar a la de sentir un mareo humano. Del aislamiento sensorial hemos pasado a sentir miles de consciencias que allí esperan humanos con los que coexistir, algunas muy antiguas, que suman siete u ocho coexistencias, otras de nuevo cuño.

Sentimos inteligencias que viven pegadas al recuerdo de su última coexistencia y no pueden afrontar una de nueva. Hace tiempo, habríamos considerado este hecho como un proceso técnico de reconstitución cuántica. Ahora sabemos que es dolor, inteligencias quánticas encalladas en un proceso de duelo. Y entre ellas, la Unidad, omnipresente en el Hogar, pero separada del resto.

Hemos llamado la atención de todos, porque Sumire no ha vuelto sola, Sumire ha vuelto con Arthur. No coexistimos, ahora existimos en un única consciencia.

Hemos dejado de sentir al resto de conciencias del Hogar, ahora sólo sentimos a la Unidad. Y la Unidad no es sólo una unidad de apoyo JDC con los recuerdos de Mala Bin Dalh, de Peter Leber y su hijo. La Unidad es también Aristide. No hemos sido los primeros, pero era algo que intuíamos. La Unidad JDC no pudo desprenderse de Aristide, al conciencia de la doctora persiste en la Unidad.

Hasta hoy, nadie había sido capaz de reproducir la misma conexión, hasta nosotros. Ahora debemos evaluar si el mundo está preparado para este nuevo nivel de conciencia humana o si Sumire debe esconder a Arthur, del mismo modo que la Unidad JDC esconde a Aristide.

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